Buenos Aires (EP), 29 de noviembre 2021. Hoy en día, la temática de Cambio Climático ha llevado a que muchas empresas emprendan un compromiso ambiental con sus productos para la gente, pero ¿cómo podemos hacer para identificar si verdaderamente esta es real y no es un engaño de «marketing verde» mentiroso? En la columna ambiental de hoy vamos a ver qué es «greenwashing» o «Lavado Verde», cómo detectarlo y qué consecuencias trae al ambiente.

Debido a demanda de muchas personas de consumir solo marcas o productos que sean amigables con el ambiente o «ecofriendly», muchas empresas han empezado con campañas de compromiso ambiental con sus productos, pero muchas veces, esto es una fachada para quedar bien con el público consumidor. De esta premisa surge el término «greenwashing» o Lavado verde, el cual se define como «malas prácticas de algunas empresas, que presentan productos como respetuosos del ambiente. Sin embargo, no lo son. Su objetivo es limpiar su imagen y no perder clientes (o recuperarlos)».

Existen varios ejemplos y formas en que algunas empresas pueden aparentar ser ambientalmente amigables, pero no lo son, por ejemplo, la famosa cadena de comidas rápidas del payaso feliz había prometido para el año 2018 que retiraría, de todas sus cadenas a nivel mundial, los sorbetes de plástico y los cambiaría por otros reciclables. Sin embargo, el reemplazo fue por otros no reciclables, por lo que fue una publicidad «verde» que no llevó a nada. Otro ejemplo, son muchas empresas de energía y/o combustibles (nafta, GNC, gasoil), que utilizan palabras como «verde» o «eco», dando a entender engañosamente que se dedican a energías renovables, cuando en la práctica extraen y/o comercializan hidrocarburos fósiles altamente contaminantes.

Pero, ¿cómo podemos darnos cuenta, nosotros y nosotras consumidores que queremos ser ambientalmente responsables? Hay varias pistas que van dejando estas empresas que, básicamente, delatan sus intenciones verdaderas de marketing verde sin sentido real. Veamos algunas:

– Falta de pruebas: Muchas veces no presentan datos, simplemente afirman que son «verdes», «eco», «ecofriendly», «orgánico», «ecológico», «natural», pero no hay ningún valor que respalde estas afirmaciones. En el caso que haya algún número, este no es porcentual sino total, lo cual hace que no tengamos perspectiva real del verdadero impacto. Por ejemplo, «hemos reducido 3.500 kg de dióxido de carbono», que parece mucho, pero al mirar en las emisiones de esa compañía nos enteramos de que es solo el 0.00001%.

– Información oculta o utilizar un pequeño logro para tapar: Se remarca una característica que probablemente sea ecológica o ambientalmente amigable, pero no se informa sobre otras actividades o formas que pueden ser más contaminantes, en proporción, que aquello que se promociona como «eco». Por ejemplo, «nuestros nuevos autos cuentan con asientos de cuero ecológico, compralo para ser parte del eco drive», que es algo muy bueno, pero no porque tenga asientos de cuero ecológico un auto pasa a ser bueno para el ambiente.

– Uso de etiquetas falsas: Existen alrededor del mundo muchas formas de certificar de manera oficial que un producto es ambientalmente amigable. Estas certificaciones oficiales cuentan con rigurosos procedimientos que la empresa debe cumplimentar para obtener este sello verde. Lamentablemente, muchas empresas falsifican o ponen etiquetas imitación de las certificaciones reales. Las etiquetas reales se pueden encontrar en internet para verificar.

– Vaguedad: Utilizar la terminología habitual corporativa intercalando simplemente la palabra «sostenible», «verde», «eco», «ecofriendly», sin detallar los cambios o avances que hagan verdaderas estas afirmaciones. Por ejemplo, «la sostenibilidad está en nuestro ADN», «ahora somos ambientales», «la nueva generación lo pide, ahora somos verde».

Claro que no toda empresa que utilice estas terminologías está haciendo greenwashing o lavado verde, pero muchas veces uno como consumidor entra a dudar de por qué, por ejemplo, una empresa minera de oro o una empresa petrolera va a ser «eco» si su actividad no lo es por antonomasia. También, tenemos que tener en cuenta que no solamente existe un lavado verde ambiental, también hay healthwashing o lavado de salud, donde un producto dice ser saludable cuando no lo es y socialwashing o lavado social, cuando se afirma que una empresa tiene responsabilidad social, pero no la tiene en la práctica.

No dejemos que nos laven la cabeza y seamos consumidores y consumidoras conscientes.

Por Florencia Srur – Ingeniera en Recursos Naturales y Medio Ambiente

Fuente https://www.eldiariodelapampa.com.ar/

Foto Twenergy