Córdoba (EP) 02 de Junio. – En Córdoba hay edificaciones amigables con la Naturaleza, hechas a base de botellas recicladas, barro y madera.

Donde faldea la sierra, una casa levantada con botellas de plástico. Se llama Siembra dicha y abrió en diciembre pasado. Está ubicada a unos kilómetros de Yacanto de Calamuchita, en la provincia de Córdoba, a la vera de un camino pedregoso que sigue, a la distancia, la ondulación del río El Durazno. Se llega por referencias, por Google Maps o por casualidad. No hay tendido eléctrico en la zona, así que todo lo que requiere energía funciona gracias a la luz acumulada en los paneles solares. La conexión a Internet es reciente.

Siembra dicha es una casa de té que funciona de día. Ofrece una carta de autor, con productos orgánicos. Se trata de una “bioconstrucción”: fue levantada con 62.800 botellas de plástico, el equivalente a una manzana completa de bolsones de arpillera usados, habitualmente, para recolectar escombros en obras de construcción. A su alrededor, y por todo paisaje, el monte y la jarilla.

Las edificaciones amigables con el medio ambiente son tendencia en países desarrollados como Alemania, España y Noruega. Aquí, en Argentina, la “permacultura” es una novedad que suma interesados. Más que un diseño, se trata de un estilo de vida que consiste en no abusar de los recursos naturales: tomar lo que se necesita, reciclar lo que sobra, buscar formas de no alterar la naturaleza y subsistir. Esto a grandes rasgos. Y bajo esa premisa, María Andrea Fourcade, 38 años y bioconstructora, hace su trabajo.

¿La basura es “basura”?

“Creo que es una equivocación referirnos a la ‘basura’ como algo que ya no sirve. Lo que llamamos ‘basura’, para mí, son recursos. De hecho es lo que uso para hacer casas”, dice María Fourcade, nacida y criada en Bahía Blanca, por años de paso en El Calafate, hace mucho instalada en las sierras cordobesas. María es morocha. Acaso por eso le dicen “La Negra”. ¿O será porque casi siempre la cubre el tizne de la obra que la ocupa? María es el barro con el que revoca.

“Lo que llamamos ‘basura’, para mí, son recursos. De hecho es lo que uso para hacer casas.” María Fourcade

“La basura separada y limpia es un gran material para muchas personas que trabajan de hacer desde juguetes hasta viviendas. Reconceptualicemos la palabra basura. Empecemos a verla como un bien reutilizable, colaboremos para que no llegue a los basureros ni vertederos municipales”, sigue María.

De dónde viene

Fourcade empezó a interesarse en las casas ecológicas y eficientes cuando ya estaba recibida como Licenciada en Hotelería. Por entonces vivía en El Calafate y trabajaba (mejor dicho: se aburría) en una agencia de turismo. Un día, mientras navegaba por la Web, dio con la palabra “permacultura”. Empezó a leer y un click la llevó a otro click, y ese click a una página nueva y más interesante. Entonces decidió ponerse en contacto con personas que supieran de bioconstrucción. Así llegó Fabio Alonso, un referente en el tema, a esa ciudad patagónica para ofrecer un curso de cuatro días sobre permacultura. Fue María quien lo convenció y fue ella, también, la primera en anotarse.

“Quedé knock out con toda esa información y sentí que mi vida cambiaba por completo. Arreglé mi auto, vendí un terreno y me fui con mi perra y un amigo rumbo a Sierra de la Ventana a tomar un curso certificado de Diseño en Permacultura”, repasa María. Durante nueve meses organizó y asistió a talleres en la Argentina y países limítrofes.

En diciembre de 2012 se instaló en Traslasierra, Córdoba. “Un lugar hermosísimo, donde vivían pocas familias con ganas de armar una comunidad con el foco puesto en la educación y la vida en armonía con la naturaleza”, sigue. María se ocupó, primero, de armar y limpiar los baños secos –sanitarios que en vez de agua utilizan aserrín y que requieren un tratamiento especial de las heces–. Más tarde, construyó con barro la primera sala para que ocuparan los chicos de la comunidad. También se ocupó del compost: abono que se produce con desechos de comida y estiércol, sobre todo. Terminada la escuela, levantó un hospedaje –Arunachala–, que aún funciona. En la vida de María, primero apareció el barro y después, el plástico.

Adónde va

En Traslasierra está su casa prototipo. Es una construcción experimental con la que pretende probar la eficacia térmica –que no necesite calefacción en invierno–, nuevas técnicas de revoque y la implementación de otros tipos de plásticos.

Por lo pronto, están listos el contrapiso, los cimientos, muros y techos. El primer empujón económico lo consiguió con el “Fondo Semilla”, un subsidio estatal que otorga préstamos para proyectos que tengan impacto social, ambiental o con perspectiva de género. Ahora sumó su idea a una plataforma de financiamiento colectivo. Confía en que conseguirá el dinero que falta para terminarla. Es posible encontrar su proyecto ingresando idea.me/casaprototipo en un buscador.

Además de la experiencia acumulada en estos años, María adquirió una microfranquicia, el otro “secreto”, un complemento de la permacultura. Es un sistema de construcción ecológico que consiste en prensar las botellas para armar módulos de material plástico, que luego pasan a una máquina llamada “bastidora”. Esos bloques quedan enmarcados en la madera –también reciclada–, que los contiene. Un módulo sobre otro, colocados sobre los cimientos, son los muros. Con listones, en línea recta o en diagonal, se encastran las columnas que le dan sostén a la vivienda.

“Este sistema de construcción impacta de manera positiva en el medio ambiente y en la sociedad.” María Fourcade

El “esqueleto” de la casa prototipo está terminado. Falta hacer la instalación eléctrica, de gas y agua, con el tratamiento de aguas grises y negras. Los detalles llegan con el revoque, que puede ser con arcilla y arena, yeso o bosta de caballo refinada. Luego se colocan las aberturas. Las puertas y ventanas son piezas clave para aislar el frío, uno de los propósitos de María. Pero no sólo se trata de aberturas acordes y de calidad. Lo explica ella: “La orientación de la casa es fundamental. Es muy común que se priorice la ‘buena vista’, pero el lugar donde pones la casa tiene que contemplar el recorrido del sol. Que en invierno, cuando el sol está más bajo, entre luz natural, asegura el calor. Y que en verano, los rayos pasen por arriba de la casa, garantiza que esté más fresca”.

Toda la “basura” que genera la obra vuelve a la obra. Hasta las tapitas de las botellas con las que tapizará el piso de la galería. El techo será de chapa y está pensado para conducir y colectar agua de lluvia. La casa prototipo puede ser habitada por dos personas.

“Este método es uno más en la oferta de sistemas de construcción de lugares habitables. Pero la característica principal es que impacta de manera positiva en el medio ambiente y en la sociedad”, opina la constructora.

¿Y el futuro de las casas del futuro?

La basura como material de construcción es noble: fácil de conseguir, liviano, duradero, buen aislante térmico… Los productos naturales –o con poco proceso industrial– como el barro, la bosta de caballo y las arcillas hacen que las casas “respiren” y evitan que los ambientes expuestos a la humedad se hongueen.

Pero lo cierto es que estamos acostumbrados a tocar una tecla y que se encienda la luz. O a apretar un botón para que descargue el baño. Nos gusta que la losa radiante expulse calor desde el piso o que el aire acondicionado nos permita descansar por la noche. La bioconstrucción es, también, una experiencia de vida, donde la casa es parte del entorno o, dicho de otro modo, el entorno es un ambiente más de la casa.

Bioconstrucción: la tierra cruda como recurso a explorar

¿Tiene falencias este sistema de construcción? “Más que falencias –responde María– hay cosas para mejorar. De todas formas, es un sistema probado, de bajo costo de construcción y rápido.” Los cálculos indican que levantar una casa con material de descarte reduce el presupuesto un 45%. Y que armar la estructura básica de una vivienda –contrapiso, cimientos, muros, techo– demanda veinte días de trabajo si el equipo está integrado por tres personas y el tiempo acompaña. El mantenimiento de una ecocasa es el mismo de una vivienda de tipo industrial.

Para María, desde tiempos inmemoriales, todo está en fase de prueba. Pero cree que el suyo (y el de tantos otros bioconstructores) es una forma de agradecer, devolver y prolongar la vida de nuestro planeta. Así que, si todo está en fase experimental, habrá que atreverse. Probar otras formas, no nuevas, sí distintas.

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