Buenos Aires (EP) 05 Mar. – Corporaciones y gobiernos pueden destruir legalmente las áreas naturales protegidas si compensan en otro sitio la pérdida de biodiversidad. Ese arreglo no está funcionando, pero es cada vez más frecuente.

La compensación por pérdida de biodiversidad no es nueva: en los años ochenta, Estados Unidos, Alemania e India introdujeron este enfoque dentro de sus regulaciones ambientales. Según los defensores de esta idea, garantiza que las empresas que dañan la biodiversidad compensen su impacto ya sea manteniendo o mejorando la biodiversidad en otros lugares. No obstante, los ejemplos a continuación demuestran una realidad diferente: la compensación por pérdida de la biodiversidad socava la protección al medioambiente. Permite que las empresas ignoren las reglas de protección de la naturaleza en cualquier lugar particular de su interés, siempre y cuando prometan compensar el daño en otros lugares. De esa manera pueden afirmar que respetan las leyes de protección del medioambiente mientras, al mismo tiempo, destruyen la biodiversidad en lugares protegidos por la ley. En cierto modo, la retribución compensatoria permite que las agencias gubernamentales e instituciones financieras mantengan un flujo ininterrumpido de licencias ambientales y financiamiento para la destrucción corporativa, incluso en áreas protegidas y sitios incluidos en el Patrimonio de la Humanidad; lo anterior pese a que el catálogo de regulaciones ambientales se ha incrementado como respuesta a la presión pública, desde los años 70, por una mejor protección al medioambiente.

La siguiente cita de un bufete de abogados con sede en Nueva Zelanda sintetiza de manera clara la razón por la que no solo los gobiernos, sino también –o quizás, particularmente– las empresas están interesadas en compensar la biodiversidad: “Las compensaciones por la pérdida de biodiversidad pueden ayudar a las empresas a gestionar sus riesgos de manera más efectiva y a fortalecer su licencia para operar al demostrar a los reguladores que las operaciones se pueden basar en un enfoque biodiverso ‘sin pérdida neta’ o ‘ganancia neta’, y al asegurarse el apoyo de las comunidades locales y la sociedad civil. Las compañías buscan cada vez más demostrar buenas prácticas en temas ambientales a fin de asegurar su licencia para operar y acceder al capital, obtener el consentimiento de manera oportuna, operar de manera rentable y mantener una ventaja competitiva”.

No resulta sorprendente, por lo tanto, que la compensación por pérdida de la biodiversidad se haya popularizado tanto. Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), desde el comienzo de siglo se ha duplicado el número de países en los que se han introducido la compensación por pérdida de biodiversidad u otras formas de retribución compensatoria. Dicho instrumento recibió un gran impulso a nivel internacional durante la cumbre de Río+20 de 2012 en Brasil. La cumbre estuvo dominada por propuestas centradas en cómo lograr una economía verde a través de una valoración económica de la naturaleza, y las retribuciones compensatorias fueron presentadas como parte integral de la promesa de la economía verde. Muchas de las iniciativas de compensación por pérdida de biodiversidad que existen hoy en día, tanto a nivel corporativo como intergubernamental, se pueden rastrear al periodo previo y el seguimiento inmediato de la cumbre Río+20. Para 2017, 115 países habían adoptado regulaciones que permiten el uso de compensaciones para la biodiversidad o retribuciones similares. Como ya se señaló, las razones de este aumento son diversas, lo cual incluye:

Muchos países han adoptado el objetivo político de “pérdida neta nula” de biodiversidad, y la compensación por pérdida de biodiversidad es el mecanismo para lograr este objetivo.

La destrucción corporativa apunta cada vez más a áreas formalmente protegidas o a hábitats particularmente ricos en biodiversidad, donde hoy en día la ley da licencia a actividades destructivas solo en casos excepcionales. Como resultado, los pedidos corporativos de “flexibilidad regulatoria” están en aumento, con los esquemas de compensación y retribución compensatoria de biodiversidad propuestos como instrumentos para proporcionar dicho “flexibilidad regulatoria” o “maleabilidad”.

El Banco Mundial y su brazo de financiamiento del sector privado, y la Corporación Financiera Internacional (CFI), han promovido en gran medida las disposiciones de compensación por pérdida de biodiversidad en la regulación ambiental en el Sur Global, a fin de facilitar la implementación de las disposiciones de la Norma de Desempeño 6 de la CFI. Estas Normas de Desempeño son un conjunto de requisitos y garantías que deben cumplirse para que la CFI pueda financiar un proyecto corporativo. Las disposiciones de compensación por pérdida de biodiversidad se agregaron a la Norma de Desempeño en 2012, el mismo año en que la cumbre de Río+20 dio un gran impulso a la compensación de la biodiversidad como un instrumento político. Las Normas de Desempeño revisadas de 2012 permiten a la CFI financiar destrucción en lo que el Banco Mundial ha definido como hábitat crítico. Antes de la revisión de 2012, la aprobación de la financiación de la CFI para la destrucción corporativa en dicho hábitat habría sido más difícil y controvertida.

Destrucción regulada del hábitat crítico

La Norma de Desempeño 6 de la CFI ha resultado ser una herramienta particularmente poderosa para la compensación por pérdida de biodiversidad, tanto a nivel corporativo como gubernamental. Dado que muchos bancos del sector público y privado han adoptado las Normas de Desempeño de la CFI o normas similares, la presentación de un plan de compensación por pérdida de biodiversidad prácticamente se ha convertido en un requisito previo para asegurar el financiamiento para la destrucción corporativa en aquello que el Banco Mundial ha definido como hábitat crítico. Debido a que muchos ríos han sido ya represados ​​y muchos hábitats ricos en biodiversidad y menas han sido destruidos para extraer los minerales deseados, empresas de las industrias de energía hidroeléctrica y extractivas apuntan cada vez más al hábitat crítico para la expansión corporativa. Y dado que la financiación de la CFI suele ser crucial para asegurar una mayor financiación del sector privado hacia tales proyectos corporativos, las compañías hidroeléctricas, mineras y de petróleo y gas han sido pioneras en la compensación por pérdida de biodiversidad. Al presentar planes de compensación por pérdida de biodiversidad, esperan obtener una licencia pública para operar y asegurarse el respaldo de la industria de la conservación para dichos proyectos corporativos, los cuales se enfrentarían probablemente a la oposición pública por su ubicación en áreas de particular importancia para la conservación de la biodiversidad.