Buenos Aires (EP) 18 de Ene. – Argentina se ha convertido en el primer país de América Latina en otorgar recursos financieros a las provincias para que se fortalezcan institucionalmente y compensen a quienes conservan y manejan sustentablemente sus bosques nativos, destinando parte de ese financiamiento a las comunidades aborígenes y criollas, para la realización de las actividades pertinentes y una gestión responsable de sus recursos naturales.

La Ley de Bosques establece que las provincias deberán realizar el Ordenamiento Territorial de sus bosques nativos y, de esta manera, proteger las especies de flora y fauna que habitan en los bosques; prevenir las inundaciones, la erosión, los incendios; evitar el avance de la desertificación; asegurar la calidad del agua que consumimos y del aire que respiramos; garantizar que los bienes y servicios que ofrecen los bosques (madera, leña, frutos, miel, alimentos, medicamentos, turismo, recreación) estén disponibles hoy y mañana; y al mismo tiempo preservar la identidad cultural de los pueblos que viven en y de los bosques.

Ésta ley es una herramienta que debe ser aplicada adecuadamente para asegurar la conservación de nuestros bosques. Principalmente en las provincias de la región del Chaco (Chaco, Formosa, Salta, Santiago del Estero, San Luis); de la Selva Paranaense (Misiones); y de Tierra del Fuego, con el propósito de promover su uso sustentable a largo plazo.

Una de las grandes riquezas de nuestro país es el quebracho colorado, que se encuentra en las provincias de Corrientes, Chaco, Formosa y en el norte de Santa Fe y Entre Ríos. Por su resistente madera y su alto concentrado de tanino (la sustancia que se emplea para convertir la piel animal en cuero), generó un boom industrial que provocó su sobrexplotación, condición que la llevó al estado actual de vulnerabilidad. Esto motivó a científicos del Conicet a desarrollar proyectos de mejoramiento genético y planes de reforestación, en el marco de las estrategias de recuperación de bosques nativos, que permitan evitar su desaparición.

No sólo es el quebracho: Argentina se encuentra en emergencia forestal. Con este diagnóstico, alertamos sobre la deforestación en el norte del país, donde cuatro provincias concentran el 80% de los desmontes, y el 36,3% de la superficie deforestada el año pasado en Santiago del Estero, Chaco, Formosa y Salta fue en bosques nativos.

Los incendios y el avance de la frontera agropecuaria para el cultivo de soja transgénica son las principales causas de la pérdida de esas grandes reservas naturales que señalamos. La fragmentación de los bosques, no solo el desmonte, impide la vida animal y vegetal en un ecosistema continuo. Un yaguareté, por ejemplo, necesitará de 11.000 hectáreas para vivir en un buen estado de conservación.

Que la deforestación haya disminuido es una buena noticia, pero que casi el 40% sea ilegal es muy malo. Eso se debe a que las multas son irrisorias y, salvo excepciones, no se reforestan los desmontes ilegales, porque muchas veces los gobiernos violan la norma a favor de grandes empresas. Es hora de que la Argentina debata el desmonte ilegal, el otorgamiento de los permisos para deforestar en zonas protegidas y el incendio intencional como delito penal ambiental y se obligue a los responsables a restaurar los bosques nativos. Para el desarrollo nacional, es claro que el conocimiento y en particular la educación en ciencia juega un papel central. Un Estado presente y con visión de futuro que crea en los proyectos más allá de su fin inmediato, podría descubrir aplicaciones beneficiosas para el medio ambiente.

Quiero terminar invitándolos a pensar cuál sería la segunda “Arca de Noé” que debemos comenzar a imaginar, y a construirla antes que sea demasiado tarde.

Por Norma Cadoppi Frigerio – Presidente de la Fundación Foro Estratégico para el Desarrollo Nacional.

Fuente: Clarín