Río Negro (EP) 03 de Feb. – Mientras aún ardían algunos árboles en la zona de Catedral durante el incendio del año 1996, algunas personas ya planificaban trabajar en pos de la restauración del bosque afectado. Leo Gallo presentó un proyecto por medio del cual plantaron 15.000 cipreses pequeños entre 1999 y 2000.

El Cordillerano realizó un recorrido junto con el especialista por uno de los sectores en los cuales fueron dispuestos, para explicar el trabajo realizado y comprobar personalmente el fruto de aquella propuesta.

Es sabido que luego de un siniestro de tales magnitudes, pese a todo, la naturaleza hace lo propio y, con gran esfuerzo, logra ir recuperando su vegetación, pero en el caso del ciprés de la Cordillera, sin semillas, esa renovación es prácticamente imposible.

Es por ello que el doctor Fermín Olaechea, director del INTA en ese momento, llamó a la gente de teledetección, a un especialista en pastizales y a Leo Gallo, de la Unidad de Genética Ecológica y Mejoramiento Forestal de dicha institución, para que hicieran propuestas de restauración.

“Gran parte de las especies co-evolucionó con el fuego, sucede en muchas partes del planeta, si sufren un macro disturbio tienen la capacidad de rebrotar y eso sucedió con la mayoría de los arbustos de este ambiente”, comenzó diciendo. Tiene que ser un fuego muy fuerte para que mate las raíces, “estas tienen yemas que están dormidas y se despiertan en tales circunstancias”.

Empleando esa información, la idea era que una vez que brotaran los arbustos, los utilizarían como plantas nodrizas. “Es la que está cuidando inicialmente a la otra que necesita en la germinación y los primeros años de crecimiento, tener la protección contra la radiación solar”.

Es por ello que plantaron, ubicando los rebrotes, los cipresitos, protegiéndolos del norte y del oeste, “es decir de la desecación evitando así el sol directo y el viento secante”.

Pero primero, tuvieron que esperar el tiempo necesario para poder cosechar los frutos de los cipreses sobrevivientes. De 25 ejemplares extrajeron las semillas y las pusieron a germinar una por una.

“Yo no quería traer de otro lugar, creo que en El Bolsón había 400 plantines, pero allá tienen un ecosistema totalmente diferente al nuestro con un temperatura media de aproximadamente tres grados por encima de la de Bariloche”.

El incendio fue en enero del 96, a los dos meses ya estaban juntando las semillas, “se fecundó con el polen de muchos de los árboles que se habían quemado, es decir que tenían la misma información genética de los que se habían quemado”, afirmó.

“Quisimos mostrar que se podía hacer una rehabilitación con ciprés de la Cordillera, nunca lo habíamos hecho”. Y se propusieron, como meta del equipo de trabajo, en algunos años, regresar a tomar mates a la sombra de esos nuevos ejemplares.

Gallo escribió el proyecto y lo presentó al Municipio, a Provincia y a Nación, pero no le dieron lugar, “un día me llegó un llamado de INTA Central, que se había contactado la gerenta de la cadena Crown Plaza, dueña en ese año del Hotel Panamericano, que estaba interesada en poner el dinero para desarrollarlo”. Aseguró que no les pidieron nada a cambio.

Gallo detalló: “esto es interesante resaltarlo porque en esos meses hubo muchas estafas a turistas y barilochenses, juntando dinero para la restauración, pero nadie supo quiénes eran ni dónde quedó lo recaudado”.

Reforestación y restauración

Acerca de la diferencia entre la reforestación y la restauración, explicó: “se puede reforestar con otras especies o en sectores que nunca tuvieron bosques, en este caso al restaurar lo que tratamos de hacer fue rehabilitar la funciones ecológicas del mismo bosque”.

El bosque se va armando como en familias, “es decir que la dispersión de la semilla de cada árbol madre en este caso, va quedando alrededor, luego hay otro núcleo cercano y así sucesivamente, eso no se puede repetir exactamente igual, por eso no llegaríamos nunca a recomponer exactamente lo que había, pero intentamos hacerlo lo más preciso posible”. A esto último llaman restauración, “en realidad sería una rehabilitación de las funciones ecológicas de ese ecosistema”.

Provincia puso muy pocas plantas, “pero el que hizo un trabajo muy lindo con las escuelas fue Rubén Pablos, involucrando de esa manera a un sector de la comunidad”.

Recorrido para identificarlos

Frente al puesto de la policía llegando a la base del cerro Catedral, hay un desvío y desde allí, a la vera del camino, se comenzó el recorrido por un pequeño sendero en la montaña. Apenas iniciado el mismo, empezaron a aparecer los protagonistas, aquellos cipreses plantados entre 1999, 2000 y muy pocos en el año 2003.

Dentro de las especies nativas de esta zona, no está considerado de rápido crecimiento, “la restauración no se hace con los mismos objetivos que una plantación como cuando quieren extraer su madera”, aclaró.

Todos tienen entre cuatro metros y cuatro metros y medio, algunos medio ocultos entre los demás árboles y otros, desplegando sus ramas con una belleza imponente. “Fue una experiencia interesante, éramos un grupo de Genética pero nos involucramos de manera directa y demostramos que se podía lograr”.

Tan solo tres personas plantaron 15 mil cipreses, Leo junto a Lucas Oudkerk y Mario Huentú. Mario Pastorino colaboró en la cosecha, “juntamos las semillas en el 99, no teníamos tanta tecnología entonces tuvimos que producir las plantas en macetas, crecieron durante tres años en el vivero con todo lo que eso implica”. Desde el punto de vista de la rentabilidad, no hubo resultados, “esa rentabilidad fue social y con beneficios ecosistémicos inmensos, a largo plazo, que son invalorables”. Hoy en día ya no se utiliza ese sistema porque cuentan en los invernaderos con dietas de fertilizantes en bandejas y sacan la planta del ciprés en una temporada y no en tres años.

Tres años criando uno por uno los plantines, mientras tanto los arbustos del lugar iban creciendo, era lo ideal ya que serían utilizados como protectores de los cipreses pequeños que vendrían.

No fue fácil llegar con todas las macetas “los pusimos copiando la distribución natural del lugar, algunos los marcamos para poder ir tomando mediciones y fuimos controlando el prendimiento”. Como resultado esperaban un treinta por ciento de éxito, en algunos sectores llegaron al 50 y en otros al 80.

Más alto

Dentro de todas las especies de la zona de Catedral, esos cipreses que plantaron, en algunos años, serán los más altos del bosque. “Son ellos los que ya comenzaron a proteger a otras especies”, dijo Gallo y se ve que es así. Son muy pocos los que quedaron quemados en pie, solo se pudieron encontrar algunos que habían sido cortados.

Hay dos clases de crecimiento, el primario que se ve representado en la altura y el secundario que demarca el diámetro. “Esta especie te permite saber la edad porque cada anillo formado representa un año de vida”.

Si se hubiera autorizado la quita de los árboles quemados para utilizarla como leña el daño habría sido inmenso “de manera ilegal igual la fueron retirando, pero como fue de manera paulatina, no se alcanzó a erosionar mucho el suelo”.

Un proyecto silencioso que muy pocos conocen y que benefició enormemente a nuestros bosques autóctonos en la zona afectada por el incendio del 96.

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