Neuquén (EPatagonicas) 23 de Junio. – Los yacimientos “tight”, una modalidad de los no convencionales, son la nueva formación estrella de YPF. Hoy representan el 60% de la producción gasífera de Neuquén, y el 25% de las reservas neuquinas, de 123.000 millones de metros cúbicos (m3). YPF anunció que invertirá en este rubro US$ 612 millones durante 2015. En los últimos tres años, puso US$ 1.500 millones.

El valor del gas, subsidiado por el Gobierno, a US$ 7,5 el millón de BTU, le otorga sentido a la ecuación financiera. Según YPF, en la formación “Lajas”, el yacimiento Aguada Toledo-Sierra Barrosa pasó de 2 a 6 millones de m3 de producción de gas día. Otro de los yacimientos en desarrollo es Rincón del Mangrullo, donde la compañía opera junto a Petrolera Pampa. Aquí se producen 1,9 millón de m3 de gas por día. En diciembre, alcanzaría los 2,5 millones.

“Hace dos años no había producción en ese sector. Fueron decisiones de inversión para sostener el ritmo y son un caso de éxito”, explica Pablo Bizzotto, Gerente del área de “No Convencionales” de YPF.

Para el CEO Miguel Galuccio y su equipo, el “tight” es una de las áreas más prometedoras de la compañía. Galuccio se apoya en un grupo de jóvenes profesionales –en Loma Campana el promedio de edad es de 30 años–, por lo general, sin familia y altamente motivados. “Hay una vocación de hacer historia”, indica Pablo Iuliano, gerente de Loma Campana.

La Argentina está entre los países con mayores reservas de gas no convencional en el mundo. La definición viene del inglés “apretado”. Pero en el universo de los hidrocarburos refiere a las “areniscas compactas de baja permeabilidad”. Es gas almacenado en pequeñas y escasamente conectadas cavidades entre las rocas. A pesar de estar apretadas son más accesibles que el “shale”, el esquisto o roca, que presenta otros problemas para su fracturación. El shale se sitúa en la roca y no ha migrado a zonas más permeables.

La ciencia base de los yacimientos no convenciones es la fractura de materiales que “no quieren” ser quebrados. En su milenario interior se encuentra almacenado el gas y el crudo que, alguna vez, quedaron anclados en trampas naturales. A mayor dificultad de “robarle” el material a la madre tierra, mayores son los costos.

Después de plantar bandera en una localización, los especialistas establecen el nivel de resistencia del material contenedor. Hay algoritmos que sintetizan las características físicas y las condiciones geológicas. Así determinan el porcentaje de probabilidades a favor y el dinero a invertir. Un pozo convencional anda por los US$ 2 millones. Uno no convencional, de US$ 8 a 10 millones. Uno no convencional horizontal llega a los US$ 13 millones. Para que Argentina alcance niveles interesantes de producción de gas y petróleo, de camino al autoabastecimiento, será necesario poner en marcha de 1.200 a 1.300 pozos verticales y un número no establecido de horizontales en Vaca Muerta en los próximos 3 años. Una inversión de más de US$ 13.000 millones.