Buenos Aires (EP) 10 de Julio. – Advierten sobre el delicado escenario argentino, donde a la crisis social y productiva se suma el peligro de una corrida cambiaria, ante el extraordinario endeudamiento del Banco Central con las Leliq. La producción industrial cumplió otro mes de traspié provocando la pérdida de alrededor de 70 mil empleos.

Caída libre

La caída libre de la industria es absoluta y así lo exponen los guarismos y la realidad productiva nacional con sus tremendas consecuencias sociales. Para el economista Julián Blejmar, “La caída del sector industrial es especialmente importante porque, si bien representa el 25 por ciento del PIB, fue históricamente el primer empleador en la Argentina, contando en la actualidad con alrededor de 1,2 millones de empleos registrados. Sin embargo, la falta de respuesta oficial a este grave cuadro no debería sorprender, si se tiene en cuenta que el gobierno abandonó cualquier política económica que no tenga que ver con su único objetivo, que es evitar una nueva estampida del dólar durante su mandato, consciente de que este elemento es el que más le resta caudal electoral en el corto plazo. Para ello, desde octubre las tasas de las Letras de liquidez (Leliq) del Banco Central –aquellas que suscriben los bancos y sirven como referencia de la tasa al sector privado–, promedian el 70 por ciento anual, con el objetivo de que los inversores depositen sus pesos en los bancos tentados por las altas tasas, antes de utilizarlos para adquirir dólares, lo que elevaría su cotización a causa de una mayor demanda”.

El experto advierte en una nota de opinión titulada “Debacle productiva y burbuja especulativa” que además, el gobierno obtuvo autorización del FMI para utilizar los dólares otorgados inicialmente con el objetivo de afrontar los vencimientos de deuda, para intervenir en el mercado cambiario en pos de estabilizar el billete verde. Es justamente esta política centrada en lo financiero la que –tal como sucedió en los períodos neoliberales inaugurados por la dictadura cívico militar– conduce a los agentes económicos a inclinarse por la especulación antes que la inversión productiva.

Mal paso

Con el derrumbe del 8,8 por ciento en abril, la producción industrial cumplió un año de caídas consecutivas, provocando la pérdida de alrededor de 70.000 empleos industriales durante ese período. Si bien la recesión afecta a prácticamente toda la actividad económica, es especialmente intensa en el rubro productivo, el cual se encuentra cercado por la dolarización de las tarifas, la falta de crédito por su derivación a la especulación financiera, y la caída del consumo interno debido al combo de aumento de la desocupación, caída del poder adquisitivo de los salarios por la inflación, y el peso en las familias de afrontar las tarifas dolarizadas.

Esto augura un escenario propicio para el conflicto social, en la medida que la caída de la industria y de la economía en general, al provocar mayor desempleo y reducción salarial, lo que deriva a su vez en menor consumo y agudiza la recesión, conformando un círculo vicioso que no puede detenerse en tanto el Estado no intervenga con medidas contracíclicas de reactivación. Lo que en la actualidad ha sido suplido por el marketing temporal y electoralista del Ahora 12 y el programa Precios Esenciales, pues todos los factores que llevaron a este cuadro, en especial el peso de la deuda y las elevadas tasas de interés, no han sido modificados en lo sustancial.

La peligrosa timba financiera

Así, el delicado contexto recesivo en la economía real y sus derivaciones sociales compite en riesgo con el derivado de las finanzas. Esto significa la posibilidad de que los dólares suministrados en préstamo por el FMI no sean suficientes para su doble rol de saldar los vencimientos externos y estabilizar el valor de la divisa norteamericana, y que el permanente crecimiento de la deuda cuasifiscal nominada en pesos por medio de las leliq, lleve a una corrida cambiaria. Sucede que, respecto a este último punto, durante la última semana, las Leliq acumularon un stock de 1,140 billones de pesos, cuyo grueso proviene de inversionistas tentados por la alta tasa de interés que los bancos están abonando, gracias a las ganancias que les otorga el Estado a estas entidades por derivar sus pesos a este instrumento financiero. Inversiones que, tarde o temprano, frente a la segura posibilidad de que el Banco Central no podrá afrontar su pago, llevará a que los inversores no renueven sus colocaciones en pesos y se dirigirán en masa al dólar.

Así las cosas, hoy en Argentina el riesgo de una profunda crisis social por la creciente desocupación y pobreza compite con el riesgo de una profunda crisis financiera por el desarme de las inversiones en pesos o la falta de divisas para estabilizar el dólar y cumplir con los compromisos externos. Riesgo que, en caso de no hacer eclosión durante el actual gobierno de la alianza Cambiemos, se transmitirá al que lo suceda.

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