Mendoza (EPatagonicas) 13 de Noviembre. – El empresario decidió abandonar el país vecino agobiado por una crisis financiera que lo empujó en Argentina a ceder parte de su compañía a los acreedores

Además de ofrecer ceder el 40% de Impsa a sus acreedores para terminar un complicado proceso de reestructuración de un pasivo cercano a los u$s 1000 millones, Enrique Pescarmona decidió vender todos sus activos que controla en Brasil. En el país vecino, el grupo del empresario mendocino opera a través de su subsidiaria Wind Power Energy (WPE), que reporta a Venti, sociedad controlada por Impsa y que se presentó en convocatoria de acreedores en diciembre del año pasado con una deuda de u$s 770 millones.

La decisión de salir de un mercado al que había ingresado con fuertes planes de crecimiento y hasta con la firme intención de convertir ese mercado en su principal fuente de ingresos, forma parte de un plan de readecuación regional de sus negocios. La razón tiene que ver con la profunda crisis financiera que sufre el holding mendocino producto de una combinación de factores argentinos y proyectos energéticos concretados en Brasil y Venezuela que no fueron cancelados por los respectivos gobiernos de ambos países. De hecho, en el caso de Brasil, el grupo argentino presentó un juicio por 1000 millones de reales contra Eletrobras debido a que la energética estatal incumplió con la cancelación de los contratos que había suscripto con Impsa. Este incumplimiento explica en parte la profunda crisis financiera a la que ingresó Impsa este año y de la cual pretende salir negociando la cesión de parte del grupo a sus acreedores. En lo que respecta a Venezuela, el holding argentino logró regularizar la situación y retomar los negocios en dicho país.

Para vender sus activos brasileños, Pescarmona contrató a la consultora G5 Evercore, que lidera el proceso de búsqueda de interesados entre los que se encuentran varios grupos chinos. WPE posee dos plantas en Brasil que se encuentran paralizadas y que están vinculadas con energía eólica e hidroeléctrica que se venderían por separado.

En el caso de Argentina, las fábricas de Impsa ubicadas en Mendoza se encuentran operativas a diferencia de lo que ocurre en Brasil. La empresa redujo sus negocios pero no despidió ni suspendió personal. Según Juan Carlos Fernández, CEO de Impsa, el holding inició un proceso de reestructuración de un pasivo ofreciendo un canje de acciones por el 40% del capital, la emisión de bonos por u$s 470 millones y la entrega del exceso de capital operativo de la compañía o, lo que es lo mismo, los dividendos que se direccionarán al repago de la deuda. En este marco, si bien el management de Impsa se mantendrá en manos de los actuales ejecutivos, es probable que los acreedores también ganen peso. Hasta ahora, la oferta logró el aval del 20% de los acreedores y Fernández estima que el proceso culminará en un Acuerdo Preventivo Extrajudicial (APE) que debería definirse a principios del año próximo. Antes de su debacle, Impsa tenía un valor de mercado de u$s 2000 millones. Actualmente es difícil evaluar dicho monto, por lo menos hasta después de la reestructuración. “Queremos trabajo, obras, no limosnas. Obras que nos fueron adjudicadas y después nos quitaron”, aclaró el CEO de Impsa, quien estima que a partir de 2016 el grupo podría iniciar una etapa de normalización. El acuerdo de reestructuración cubre cerca del 50% de los bonos emitidos con fecha 2020.