Neuquén (EP) 29 de Oct. – La firma cuenta con una planta capaz de cubrir cerca de un décimo del mercado. Su director, Pieter Jan De Nul, proyecta sumar nuevos clientes para vender toda su producción e incluso ampliarla en un 2020 donde estima una expansión del sector cercana al 50%.

Con apenas 34 años, Pieter Jan De Nul se puso al frente de Arenas Argentinas del Paraná, división local de la multinacional de su familia, Jan De Nul. La empresa belga, cuya principal unidad de negocios a nivel global es el dragado, se asentó en la Argentina en 1995 a partir de que su controlada Hidrovía – donde se asoció en partes iguales con el Grupo Emepa– obtuviera la concesión para el mantenimiento del Río de la Plata y el Paraná. Por este último sale el 70% de las exportaciones de granos del país, que abonan u$s 3,06 por tonelada en concepto de peaje. En 2014, la compañía comenzó a estudiar la posibilidad de abastecer la demanda de Vaca Muerta y en 2016 fundó la productora de arena de fracking con ese propósito. Sin embargo, el proyecto se demoró. «Desde ese momento, enfrentamos el problema del huevo y la gallina. Como contratistas, solemos ingresar a un sitio con el contrato en mano. Este caso era totalmente distinto: las petroleras nos exigían una planta en pie para sentarse a negociar.

Si bien insistimos en que una firma nos permitiría garantizar el requerimiento, luego entendimos que aquí no funciona así.

Hace dos años se arribó a un punto de ahora o nunca y, tras analizar el diseño y las posibilidades, se avanzó», recuerda el directivo mientras mecha argentinismos con acento francés.

Egresado en Ciencias Geológicas por la Universidad de Gante y con un máster en Ciencias Marinas y Lacustres por la Universidad Libre de Bruselas, el nieto del fundador de la compañía e hijo del dueño actual está en pareja con una argentina y ya echa raíces en el país. «El mercado arenero está creciendo porque las petroleras locales e internacionales asumieron el compromiso de satisfacer la necesidad nacional de gas y están perforando como locos en Vaca Muerta», se entusiasma. El ejecutivo también reunió experiencia en el dragado del nuevo canal de Suez en Egipto y en la construcción de una de las islas artificiales de Dubái.

Ubicada en la localidad entrerriana de Diamante, a 46 km de la capital provincial, y de diseño similar a su par de YPF, la planta convocó una inversión inicial de u$s 5 millones y su construcción se llevó a cabo desde enero hasta septiembre de 2018.Con una capacidad de 150.000 toneladas anuales, emplea a 60 vecinos –más otros cinco especialistas extranjeros de la multinacional– y puede cubrir casi un 10% de la demanda actual. Aunque el joven Jan De Nul advierte que no hay números exactos dado lo vertiginoso del crecimiento, estima que el mercado alcanzará las 2,5 millones de toneladas en 2020.

Para abaratar Vaca Muerta

La arena de fractura hidráulica representa entre 10% y 20% del coste de un pozo petrolero, de acuerdo con la empresa europea. Por ello es un insumo crítico para el yacimiento neuquino, que ofrece oportunidades para los proveedores locales pero a su vez los enfrenta con la oferta extranjera. Según el INDEC, durante 2018 la Argentina importó u$s 21,2 millones en arenas silíceas y cuarzosas, con los Estados Unidos y Brasil como principales socios: 117% más que el año anterior, aunque 60% menos que el pico de 2014, período tras el cual la producción local empezó a ganar terreno.

«El precio de mercado de la arena puesta en Vaca Muerta es de alrededor de u$s 200 por tonelada y hay mucha competencia. El 80% de la arena proviene de Entre Ríos. No es solo río. Hay muchas canteras. Es un mercado en el que hay que estar muy presente. Hay que pelear», detalla Pieter Jan De Nul. Las importadas norteamericanas, en cambio, suelen pagarse a u$s 300.

A principios de 2019, Arenas Argentinas firmó un contrato con Tecpetrol que estará vigente durante todo el año para abastecer al brazo hidrocarburífero de Techint, con 70.000 toneladas a un precio promedio de u$s 180, de los cuales el 40% se explica por costos de transporte en camión. En ese sentido, se entiende el interés de los belgas en la concreción del proyecto de tren de carga para unir Bahía Blanca con Añelo.

¿Cuántos clientes tienen en Vaca Muerta?

—Hoy solo estamos trabajando con Tecpetrol, pero buscamos más clientes. El hecho de que dispongamos de un único cliente es una eventualidad que responde a que la planta recién inició su funcionamiento en septiembre pasado y ya era tarde. Antes de eso, las empresas nos decían: “Volvé a hablar cuando la planta esté lista”. En este momento estamos negociando con varias petroleras y confiamos en poder vender toda la capacidad el próximo año.

¿Hay mucha competencia?

—El precio de mercado de la arena puesta en Vaca Muerta es de alrededor de u$s 200 por tonelada y hay mucha competencia. El 80% de la arena proviene de Entre Ríos. No es solo río. Hay muchas canteras. Es un mercado en el que hay que estar muy presente. Hay que pelear. Si no estuviera creciendo Vaca Muerta, podríamos decir que el mercado está saturado, pero hay mucha demanda para los pozos y suficiente demanda para todos. Las petroleras están invirtiendo en muy buena forma.

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