Neuquén (EPatagonicas) 24 de Agosto. – Universidades y empresas analizan modificaciones en los planes de estudio. Incorporarán técnicas no convencionales y nociones sobre seguridad y ambiente. Sólo el 2% egresa.

Días atrás, durante una visita a Neuquén, Galuccio brindó una charla a los estudiantes de ingeniería de la Universidad del Comahue.

El perfil de los futuros profesionales es un tema que preocupa a la industria petrolera. Si bien el talento y las capacidades de los egresados argentinos gozan de prestigio internacional, las universidades comenzaron a preguntarse cómo se deben preparar ante los desafíos que plantea Vaca Muerta. La baja tasa de egresados y los nuevos conocimientos asociados a los no convencionales son algunos de los puntos en la agenda que se discute en las casas de altos estudios.

Un equipo de investigación del Instituto Tecnológico Buenos Aires (ITBA) presentó en la conferencia anual de la SPE en Amsterdam (Holanda) los resultados de una investigación en la que indagaron sobre las consideraciones del sector respecto de las cualidades y las falencias del egresado de las carreras vinculadas la industria hidrocarburífera.

“Observando lo que ocurrió en Estados Unidos, donde el desarrollo de los no convencionales provocó un boom de inscripciones en carreras de la especialidad, buscamos de alguna manera anticiparnos a un posible escenario similar. Si bien son características diferentes, es posible tomar algunos parámetros”, explicó a “Río Negro Energía” Roxana Ábalos, docente del Departamento de Ingeniería en Petróleo del ITBA.

Se destaca la alta consideración de las capacidades del graduado argentino.

Además del análisis de la situación energética nacional y el grado de avance del desarrollo no convencional del país, el equipo consultó a graduados del área para poder reconstruir el perfil actual de los egresados vinculados a los hidrocarburos.

Ábalos cuenta que, entre las fortalezas detectadas, se destaca la alta consideración de las capacidades del graduado “independientemente de la universidad de la que haya egresado”. Esto significa que las herramientas que brinda la universidad son suficientes. Existe –agrega– un conocimiento técnico de base muy bueno, sobre todo en reservorios y, además, se reconoce la rapidez de adaptación a nuevos productos tecnológicos, algo “característico del profesional argentino”.

Entre las debilidades salieron a superficie temas puntuales como la simulación numérica y la necesidad de profundizar en geomecánica. Los profesionales remarcaron falencias en la formación sobre temas centrales en la actualidad petrolera como las nociones de seguridad y lineamientos medioambientales.

El análisis también enumera una serie de consejos entre los que se lleva el primer lugar la necesidad de incrementar la práctica de los estudiantes durante el desarrollo de la carrera de grado. Para eso se plantea promover nuevos convenios entre las universidades y las operadoras. Y obviamente se recomienda avanzar en contenidos vinculados a las nuevas técnicas que exige el shale.

Un perfil en sintonía

YPF no sólo es la principal operadora del país sino que además lleva adelante los mayores desarrollos no convencionales fuera de América del Norte. Tiene un fuerte vínculo con las universidades nacionales; incluso, a través de la Fundación YPF (FYPF), creó la red de universidades petroleras. La medida se funda en un doble interés: apoyar la formación de excelencia para capturar a los mejores profesionales y generar las condiciones de formación de los profesionales “in house”.

La industria necesita de profesionales abiertos a la movilidad territorial y dispuestos a la formación permanente.

Santiago Bellomo, de FYPF, explica que el perfil del egresado del ingeniero tiene dos dimensiones. Por un lado, existe el perfil teórico deseado que proponen las universidades y, por otro, el que cada casa de estudios desarrolla. Sin embargo, reconoce que la industria enfrenta en la actualidad importantes desafíos que obligan a replantear los esquemas tradicionales.

“La industria necesita de profesionales abiertos a la movilidad territorial y dispuestos a la formación permanente y el trabajo interdisciplinario”, explica Bellomo, y agrega: “…que actúen en contextos en que el imperativo de la reducción de costos y la actualización tecnológica obligan a una permanente revisión y optimización de procesos”.

También se busca que desarrollen “compromiso con la seguridad, el cuidado ambiental y la sustentabilidad”. Algo que en suma –entiende Bellomo– no se consigue sólo con el esfuerzo de las universidades sino que requiere de los esfuerzos de todos los actores.

Problemas y ventajas

Uno de los problemas que atraviesa el modelo norteamericano hacia el 2020 es el recambio generacional, algo que provocaría una brecha de profesionales. El país cuenta con una serie ventajas al respecto, sin embargo, y pese al aumento de inscriptos, la tasa de egresados continúa siendo baja.

Entre el 2008 y el 2013 el número de ingresantes a las carreras de Ingeniería en Petróleo creció un 150%. Pero el número de graduados continúa representando aproximadamente un 2% del total de estudiantes que cursan esa carrera en ese mismo año. Sólo aumentando ese porcentaje la industria no necesitaría “reconvertir” ingenieros de otras especialidades.

La duración de la carrera también atenta contra el número de egresados. Bellomo explica que, según datos oficiales, los estudiantes de ingeniería en el país tardan en promedio 8,2 años en terminar la carrera. Pero al tratarse de un promedio existen casos en los que el número se eleva a 13 años. Esto es definido como “un contratiempo para una industria que quisiera contar con profesionales en plazos mucho más cortos que los que indica ya el plan teórico”.

En Estados Unidos las carreras son más cortas. Explica Ábalos que esto permite un contacto más temprano con la práctica pero quita solidez a la formación, algo que luego se completa con especializaciones. En nuestro país los egresados salen con mayores conocimientos pero los procesos de adaptación práctica son más extensos y corren por cuenta de las empresas.

En suma, los profesionales argentinos técnicamente están muy capacitados, pero si Vaca Muerta comenzara a funcionar a pleno la demanda no podría ser cubierta. “Hay una muy buena estructura académica, pero el objetivo es adaptarse y poder acoplar inicialmente algunos conocimientos que luego se profundicen”, finaliza Ábalos.