Buenos Aires (EPatagonicas) 10 de Noviembre. – El desarrollo del negocio petroquímico es uno de los ejes del Plan 2030 de la mayor empresa de la Argentina, que este año compró dos productoras de polipropileno. La apuesta a largo plazo es asociarse con un player internacional para ganar presencia en el mercado de derivados plásticos de América Latina. La norteamericana Dow es la primera en la lista.

Hay espinas que duran más que otras. Los directivos del área petroquímica de YPF, la mayor compañía de la Argentina, nunca terminaron de digerir la decisión de la española Repsol de abandonar el negocio de derivados plásticos. Cuando se tomó la decisión de privatizar el complejo petroquímico de Bahía Blanca, a fines de 1995, la petrolera hoy reestatizada se asoció con Dow –y también con la japonesa Itochu, que luego se retiró de la Argentina– para adquirir esos activos.

Tras algunos cambios en la participación accionaria de cada empresa, YPF mantuvo un 28% del complejo –hoy denominado PPB Polisur– y la compañía norteamericana se quedó con el 78% restante. La sinergia entre ambas organizaciones funcionó virtuosamente: la petrolera aportó el know-how relativo a la extracción de gas y Dow, el tercer player de la industria petroquímica mundial, incorporó tecnología de punta para industrializar el fluido. La mayoría de los profesionales que formaron parte de ese tándem destacan la complementariedad de ambas compañías.

Sin embargo, en enero de 2005, en el marco de una estrategia de concentración en el upstream de hidrocarburos, Repsol decidió desprenderse de su porcentaje en la sociedad. La decisión se tomó en Madrid a contramano del pensamiento generalizado de técnicos de carrera y mandos medios de YPF, que interpretaban que la integración con el negocio petroquímico era un salvoconducto para épocas de precios bajos del petróleo. Es que cuando el barril se deprecia, la rentabilidad se traslada al final de la cadena de valor: la petroquímica.

Muchos profesionales que integraban ese staff siguen siendo parte de YPF. Fueron los primeros el celebrar el relanzamiento de la petrolera en el sector, concretado este año con la adquisición del 46% de Petroquímica Cuyo y del 50% de Petroken, las dos productoras de polipropileno del país.

La operación, que está cerca de ser aprobada por el organismo de Defensa de la Competencia de Brasil, es apenas el primer paso de un plan a mediano y largo plazo mucho más ambicioso. Durante su presentación en la exposición Argentina Oil & Gas (AOG), realizada en octubre en La Rural, Miguel Galuccio, presidente y CEO de YPF, esbozó algunos lineamientos de esa visión. “La Argentina tiene un gran potencial para aumentar la capacidad de nuestra industria petroquímica, lo que nos permitiría en un mediano plazo convertirnos en líderes y exportadores regionales”, enfatizó para luego profundizar: “Existe una importante oportunidad de mercado, no sólo para abastecer al país sino también para convertirse en un key player regional, por la ventaja competitiva que supone la petroquímica sobre la base de gas natural”.

Asociación estratégica

La segunda etapa de ese proyecto es reconstituir una asociación estratégica con un player internacional del sector para ganar terreno en el mercado petroquímico regional, fundamentalmente en el brasileño. En esa dirección, quien se lleva todas las miradas es la norteamericana Dow.

YPF alcanzó el año pasado un entendimiento el año pasado con la compañía norteamericana para lanzar un plan piloto de shale gas en Vaca Muerta. Es la primera vez a nivel mundial que Dow hace pie en el upstream para desarrollar reservas de gas. Su metier es la incorporación de valor a esa materia prima mediante la producción de derivados plásticos. En esa jugada inédita mucho tuvo que ver la buena relación que Galuccio trabó con Jim Fitterling, vicepresidente ejecutivo y virtual número dos dentro de Dow, que en agosto viajó a Neuquén para conocer los últimos avances en El Orejano, el campo donde ya se perforaron 10 pozos experimentales de gas de esquisto, que hoy produce cerca de 1,1 millones de metros cúbicos diarios (MMm³/d) del hidrocarburo.

El anhelo de un sector de YPF es que el desarrollo de gas no convencional sea el trampolín que permita, dentro de algún tiempo, reeditar la asociación Dow en el polo petroquímico de Bahía Blanca. “Queremos buscar una alianza estratégica con Dow para salir a competir por el mercado petroquímico en América Latina. El modelo a seguir de integración es el que llevaron adelante Petrobras y Braskem (la mayor petroquímica de Brasil)”, confió a Revista Petroquímica, Petróleo, Gas, Química & Energía un hombre de la alta gerencia de la empresa reestatizada.

YPF sigue teniendo un peso específico considerable en el negocio petroquímico, donde factura más de u$s 1.250 millones (según datos de 2014) y comercializa 1.700 millones toneladas al año. Dow, en tanto, opera el complejo PBB Polisur, que cuenta con dos plantas de etileno y cuatro de polietileno. Su producción ronda las 700.000 toneladas anuales de etileno (de las cuales la empresa consume internamente alrededor de 600.000 como insumo para sus plantas de polietileno, y le vende las 100.000 restantes a Solvay Indupa) y otras 600.000 toneladas de polietileno de alta y baja densidad.

Duplicar el polo

El sector petroquímico argentino penó en los últimos años por la escasez de gas natural. Mientras la demanda de productos plásticos y poleolefinas mantuvo un crecimiento constante en la última década, las empresas radicadas en la Argentina concretaron modestos planes de expansión por la falta del hidrocarburo. Es lógico: la producción doméstica del fluido cayó un 25% de 2005 a 2014, y los cortes de suministro son frecuentes en cada invierno.

En Dow evalúan, sin embargo, que ese escenario podría cambiar antes de que termine el actual decenio.

“Con el desarrollo de Vaca Muerta, además de los campos convencionales creemos que la Argentina pueda alcanzar antes del fin de la década el nivel de producción de gas de 2004, que era de 160 millones de metros cúbicos diarios (MMm³/d). Y llegar en 2023 a los 180-200 MMm³/d, lo que representaría un aumento de hasta un 50% con relación a la oferta actual”, expresó en junio Cedric Leslie Bridger, ejecutivo de la compañía norteamericana. “Queremos que el próximo megaproyecto de Dow a nivel mundial esté ubicado en el polo de Bahía Blanca”, afirmó.

La compañía norteamericana está poniendo en funcionamiento el proyecto Sadara, en Arabia Saudita. Será la mayor planta petroquímica integrada del planeta, con una inversión de u$s 20.000 millones financiada en conjunto con Saudi Aramco

Revista Petroquímica