Buenos Aires (EPatagonicas) 22 de Dic. – Para cubrir la demanda energética estimada para los próximos 20 años, el país necesitará inversiones por unos u$s 96.000 millones. En el plano gasífero, el mercado local seguirá dependiendo de las importaciones.

Con la intención de aportar una visión técnica de largo plazo al debate sobre el futuro energético de la Argentina, el Centro de Estudios de la Actividad Regulatoria Energética (CEARE) de la Universidad de Buenos Aires (UBA), el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA), la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN) y la Fundación Avina elaboraron la “Plataforma Escenarios Energéticos 2030”.

Según el informe, que contó con la participación de referentes e instituciones de los sectores público y privado, el país requerirá un nivel de inversiones de u$s 96.000 millones para cubrir la demanda de energía proyectada en las próximas dos décadas. Y buena parte de ese presupuesto deberá destinarse a la generación de fuentes alternativas, ya que la producción hidrocarburífera de Vaca Muerta y otras formaciones no convencionales no alcanzará volúmenes significativos hasta el período 2020-2025.

El documento indica que la apuesta del actual Gobierno por el desarrollo de los hidrocarburos no convencionales “pareciera no responder a las necesidades de generación de corto plazo”. En ese sentido, postula que “será necesario acudir a otras formas de abastecimiento, ya sea reforzando la importación de combustibles o incentivando la incorporación de fuentes renovables de energía”.

Aunque la Secretaría de Energía de la Nación formuló varias fases de un plan energético integral de largo plazo, la “Plataforma Escenarios Energéticos 2030” advierte que ese programa nunca fue presentado como un instrumento para la definición de una política sectorial. Por si fuera poco, la necesidad de una estrategia energética tampoco formó parte del debate electoral por la Presidencia de la Nación.

El trabajo advierte, adicionalmente, que en el futuro persistirá la dependencia de los combustibles fósiles en la matriz, con una marcada disminución de la oferta de hidrocarburos convencionales y una suba progresiva de los no convencionales.

Por otro lado, se mantendrán los altos niveles de importación de combustibles, descenderá la participación de la energía hidroeléctrica en la matriz y –lo más preocupante del cuadro de situación– las energías renovables no dejarán de brindar un aporte marginal.