Neuquén (EPatagonicas) 13 de Junio. – La semana puede ser decisiva para uno de los proyectos de desarrollo más antiguo, y no concretado todavía, de Neuquén y del país. Desde aquellos lejanos días en que ingenieros de la estatal Agua y Energía diseñaron los primeros planos de la represa Chihuido I, con su compensador Chihuido II, a estos, en que la concreción podría llegar a partir de un acuerdo reelaborado con un banco ruso tras el cambio de gobierno nacional, muchos gobernadores pasaron por el trámite.

La inminencia del nuevo trato fue reafirmada el sábado a este periodista, durante una entrevista telefónica, por el gobernador neuquino, Omar Gutiérrez. Es el quinto mandatario de la ecléctica dinastía del MPN en el poder político de la provincia que acomete la posibilidad de ponerle un dique allá cerca de sus nacientes al indomable, hasta ahora, río Neuquén. Felipe Sapag trabajó en el asunto, igual que Pedro Salvatori, que Jorge Sobisch y que Jorge Sapag. Todos en circunstancias distintas, en contextos diferentes y con distintos niveles de concreción.

Neuquén llegó a licitar las dos represas del proyecto inicial. Primero Chihuidos II,  después la I. En este caso, dos veces. La concreción parecía asegurada durante la gestión que combinó acciones desde el MPN conducido por Jorge Sapag al peronismo conducido por el matrimonio Kirchner. Julio De Vido, el actual diputado y mandamás importante durante las gestiones de Néstor y Cristina, viajó varias veces a Rusia para entrevistarse con Vladimir Putin y una corte diversa de funcionarios y banqueros de la ex capital del imperio soviético. Pero los acuerdos, firmados y todo, tambalearon cuando llegó el punto de ser ejecutados, en medio de la transición argentina, cuando el país comenzó a evidenciar signos de cambio, y –balotaje mediante- asumió la presidencia el líder del novísimo Cambiemos, Mauricio Macri.

Gutiérrez heredó la posibilidad de concretar lo que sus antecesores no consiguieron. Como antes, la obra no depende exclusivamente de los deseos del gobierno neuquino, sino de un complicado entramado nacional e internacional. El actual mandatario viajó a Rusia hace poco, con la canciller argentina, Susana Malcorra. Ambos dejaron claro allí que algunas cosas habían cambiado y ahora habría más seguridad en todo. Algo elemental que garantizar desde el poder político, para una inversión financiera del banco ruso que solo le hace caso al todopoderoso Putin, y que rozará los 3 mil millones de dólares.

El tema quedó centrado en las condiciones del crédito. Tasas (un cambio después del pago a los holdouts y las nuevas condiciones de Argentina hacia el mundo y viceversa), plazos, total a financiar de la obra. Hace unos días, Gutiérrez se reunió con Macri en la Rosada, y le pidió que apurara el trámite pues toda la documentación requerida a Neuquén había sido prolijamente entregada. Macri habló con Putin, y se quedó en sellar esas condiciones rápidamente. Los técnicos trabajaron a destajo, y –según Gutiérrez- las condiciones quedarían totalmente en claro entre martes y miércoles de esta semana. Enseguida, lo que hará falta es otro viaje del propio Gutiérrez a Rusia. Allí firmaría la garantía de acuerdo de Neuquén para esas condiciones, y el crédito quedará listo para ser firmado por el ministro de Economía de la Nación, Alfonso Prat Gay, pues el trato financiero se hará directamente entre las dos naciones, la conducida por Putin y la que dirige Macri.

De cumplirse esta sucesión de hechos, la represa podrá comenzar a ser construida. Es una obra muy grande. Exigirá grandes movimientos de suelo, la mudanza de dos pueblos, una cantidad de años de trabajo que se puede estimar en cuatro o cinco, pero que pueden ser más (con las represas nunca se sabe exactamente, mucho menos en nuestro país). Más allá de esto, en lo inmediato supondrá un acontecimiento económico extraordinario: trabajo para unas cinco mil personas. Un formidable impulso, que concurrirá a resolver el tránsito entre la actual parálisis y la futura reactivación, Vaca Muerta mediante, de la industria petrolera.

De esto se ha hablado tanto ya, que a veces da la sensación de que incluso los políticos tocan el tema con algo de pudor. Se teme que la repetición incansable acerca de algo que tarda tanto en concretarse, contribuya al descreimiento. Pero ahora, justo ahora, es el momento de atreverse a imaginar que algo bueno puede germinar en la conciencia plural de los neuquinos: la idea de que no se construya una represa más (se han hecho ya varias, sin concretar lo que inicialmente se había imaginado), sino que se instale allí arriba, con derrame hacia todo el centro de la provincia, el germen de una posibilidad cierta de desarrollo, independiente de los hidrocarburos y su sino determinante.

El agua, esa cosa simple, es el principal motor, el combustible vital que tiene esta Provincia. Hay que cambiar un paradigma que durante la segunda mitad del siglo pasado desoyó esta instrucción de la naturaleza. Por eso, Chihuido es algo más que un proyecto viejo. Es, en realidad, una utopía.

Y las utopías, como alguna vez dijo Eduardo Galeano, citando a otros sabios que lo precedieron, sirven para avanzar, para caminar en esa búsqueda incesante.