Buenos Aires (EP), 25 de octubre 2021. Los empleos en energías renovables alcanzan los 12 millones en todo el mundo y se prevé que lleguen a los 25 millones en 2030.

Un nuevo informe de IRENA y la Organización Internacional del Trabajo destaca el potencial de empleo de una estrategia climática ambiciosa y reclama políticas integrales de apoyo a una transición energética justa.

El número de personas que trabajan en el sector de las energías renovables en todo el mundo aumentó a 12 millones el año pasado, frente a los 11,5 millones de 2019, según un nuevo informe de la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) en colaboración con la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

La octava edición de “Renewable Energy and Jobs: Annual Review 2021” confirma que la Covid-19 causó retrasos e interrupciones en la cadena de suministro, con impactos en los empleos que varían según el país, y entre las partes de la cadena de valor.

Los empleos en el sector solar y eólico siguieron liderando el crecimiento mundial del empleo en el sector, con 4 millones y 1,25 millones de puestos de trabajo, respectivamente. Sin embargo, el empleo en el sector de los biocombustibles líquidos se redujo al disminuir la demanda de combustibles para el transporte. Aunque las ventas de iluminación solar off-grid también se resintieron, las empresas pudieron limitar las pérdidas de empleo.

China representó el 39% de los empleos en energías renovables en todo el mundo en 2020, seguida de Brasil, la India, Estados Unidos y los Estados miembros de la Unión Europea.

Muchos otros países también están creando puestos de trabajo en el sector de las energías renovables, entre ellos Vietnam y Malasia, que se han convertido en exportadores clave de energía solar fotovoltaica; Indonesia y Colombia, que tienen grandes cadenas de suministro agrícola para biocombustibles; y México y Rusia, donde la energía eólica está creciendo. En el África subsahariana, el empleo en el sector solar se está expandiendo en diversos países como Nigeria, Togo y Sudáfrica.

“La capacidad de las energías renovables para crear puestos de trabajo y cumplir los objetivos climáticos está fuera de toda duda”, afirmó el Director General de IRENA, Francesco la Camera. “Con la COP26 por delante, los gobiernos deben aumentar su ambición para alcanzar el nivel cero. El único camino a seguir es aumentar las inversiones en una transición justa e inclusiva, cosechando todos los beneficios socioeconómicos en el camino.”

El Director General de la OIT, Guy Ryder, añadió que el potencial de las energías renovables para generar trabajo decente era “una clara indicación de que no tenemos que elegir entre la sostenibilidad medioambiental, por un lado, y la creación de empleo, por otro. Ambas pueden ir de la mano”.

El informe subraya que se ganarán más puestos de trabajo con la transición energética que los que se perderán, y cita un escenario global de sostenibilidad de la OIT hasta 2030 en el que se estima que unos 25 millones de nuevos puestos de trabajo superarán con creces las pérdidas de hasta 7 millones de empleos. Además, unos 5 millones de los trabajadores que pierdan su empleo podrán encontrar nuevos puestos de trabajo en la misma ocupación en otra industria, añade. Para 2050, la Perspectiva Mundial de la Transición Energética de IRENA prevé 43 millones de empleados del sector de las energías renovables.

El informe también destaca la importancia de las cadenas de valor nacionales ante las interrupciones de los suministros transfronterizos provocadas por las restricciones de la Covid-19. “Fortalecerlas facilitará la creación de empleo y la generación de ingresos a nivel local, al potenciar las actividades económicas existentes y las nuevas”, afirma IRENA.

Para ello, el informe reclama políticas industriales para formar cadenas de suministro viables; estrategias de educación y formación para crear una mano de obra cualificada; medidas activas del mercado laboral para proporcionar servicios de empleo adecuados; reciclaje y recertificación junto con protección social para ayudar a los trabajadores y las comunidades dependientes de los combustibles fósiles; y estrategias de inversión pública para apoyar el desarrollo y la diversificación económica regional.

Las normas internacionales del trabajo y los acuerdos de negociación colectiva son cruciales para una transición justa que proporcione empleo a todas las personas, añade.