Buenos Aires (EP) 26 de Junio. – Quienes trabajan en la actividad nuclear exhiben orgullosos los más de 40 años sin accidentes en la central de potencia Atucha y dicen que ninguna otra actividad industrial argentina de esa magnitud posee sus estándares de seguridad y la calidad de sus procedimientos.

Los que observan con desconfianza todo lo relacionado con la energía nuclear se estremecen de sólo pensar en apenas un accidente que pudiera ocurrir. Entre los dos grupos, existe un valle de desconfianzas que parece imposible de sortear y que ahora también forma parte de las discusiones de los rionegrinos.

Es que, desde que el gobernador Weretilneck anunció que, en el 2020, comenzará la construcción, en Río Negro, de una central nuclear de origen chino que generará energía equivalente a la suma de las centrales Atucha I y II, empezó un largo camino que debería culminar solamente de una de estas dos maneras: o se obtiene la ya famosa “licencia social”, es decir, la aprobación popular para el proyecto, o naufraga en el mar de lo irrealizable.

Lamentablemente, en este campo, todo lo que se diga corre el riesgo de estar fuertemente teñido por preconceptos e intereses irreconciliables. Buscando en la web, resulta casi imposible encontrar artículos periodísticos o ensayos que busquen la imparcialidad. Dada la alta sensibilidad del tema, que involucra, ni más ni menos, que a la vida misma y, a sabiendas de lo difícil que resultará la tarea, desde El Cordillerano, asumimos el desafío y la responsabilidad de brindar información objetiva y de reflejar los argumentos de todos los sectores que de buena fe intenten llegar a la opinión pública. Es por eso que aceptamos de buen grado la invitación que nos hicieran llegar el gobierno de Río Negro y la Comisión Nacional de Energía Atómica, y visitamos el complejo de Atucha, ubicado a la vera del Paraná de las Palmas, a 8 km de la localidad de Lima, partido de Zárate, y a 115 kilómetros de la Capital Federal.

Atucha I y II

Ubicado en un predio de poco más de 100 hectáreas, Atucha es un complejo de dos centrales nucleares que generan electricidad. Atucha I fue puesta en marcha en 1974 y es la primera central nuclear de Sudamérica. Atucha II fue inaugurada por el presidente Néstor Kirchner en el 2014, cerrando así un largo proceso iniciado en 1982, que incluyó varias paralizaciones y demoras.

Estas dos centrales, más Embalse (en la provincia de Córdoba), representan aproximadamente el 6% de la energía del sistema interconectado nacional.

Cuando las gigantescas obras comenzaron, ni se hablaba del concepto de “licencia social”. Nadie preguntó y a nadie le preguntaron, más allá de los rigurosos estudios técnicos para determinar el emplazamiento. Hoy, ese escenario es imposible. Y quienes trabajan en la actividad nuclear lo saben muy bien. Además, conocen de sobra que su mirada científica, llena de datos y estadísticas, no siempre ayuda a que los comunes mortales podamos entender y aceptar; por eso, las visitas al complejo cuentan con el fundamental aporte de profesionales de la comunicación. Sin embargo, quien resultó ser el más claro y concreto defensor de la actividad y de la futura planta rionegrina fue el propio sub secretario de Energía Nuclear de la nación, el licenciado Julián Gadano, hombre nacido en Río Negro, apasionado y convencido de lo que dice.

“Invirtiendo en tecnología, luchamos contra la pobreza”

Gadano dice que la actividad nuclear es una de las pocas en las que Argentina juega en primera en el concierto mundial. Y lo grafica así: “Unos 27 países tienen tecnología automotriz; fabrican autos. Y argentina es uno de ellos. Pero Argentina no diseña autos. En cambio, diseñamos y vendemos centrales nucleares de baja potencia y equipamiento médico nuclear”.

Dice Gadano que no es verdad que la energía nuclear esté en retirada hoy en el mundo. Señala que hay unas 440 centrales operativas y más de una treintena en construcción. Habla con firmeza acerca de los estrictos controles internacionales a los que se somete la actividad nuclear y menciona que Argentina integra el selecto grupo de países que controla a otras naciones y deja controlar su propia industria nuclear. “Se hacen revisiones periódicas, en todo el mundo, entre pares, y de allí surgen evaluaciones concretas de fortalezas y debilidades. Y sobre ello, se trabaja constantemente. No hay industria más segura y menos contaminante que la nuclear”.

El gran tema de los residuos

“No existe, en el mundo, antecedente alguno de accidentes con combustibles gastados”, dice Gadano, y señala: “miren, todos los residuos de este complejo, que funciona desde hace más de 40 años, están en ese edificio de ladrillos. Tiene toda la protección que ustedes imaginen, desde la obra civil hasta la tecnología de seguridad, varias veces redundante. El concepto es de prevención profunda: prevenir desde los acontecimientos naturales, pasando por el error humano e incluyendo la malevolencia”. Para reafirmar el concepto, pide que le tomen fotografías apoyado en la pared del edificio que contiene los piletones con combustible gastado y promete una próxima visita al interior para observar cómo esos combustibles se van enfriando. “Argentina juega en primera”, vuelve a decir, y agrega: “la autoridad regulatoria nacional, que nos controla, es muy exigente, apolítica, totalmente independiente y sumamente prestigiosa. Como ninguna otra”.

El uso del agua

Las autoridades de Nucleoeléctrica Argentina, que opera las centrales nucleares de potencia en el país, fueron las encargadas de ilustrar sobre otra de las grandes dudas que genera la actividad, la utilización y la eventual contaminación del agua: “ Los circuitos de agua son tres, independientes entre ellos y totalmente cerrados. Hay un circuito de agua pesada, que es el que está en contacto con el combustible nuclear; otro circuito que es el vapor que mueve las turbinas para que estas, a su vez, muevan el generador, y otro circuito de agua, que es el que puede tomarse de ríos, lagos o el mar, que es agua que se usa para que ese vapor vuelva a convertirse en agua y recomience el ciclo. No hay contacto directo entre los tres circuitos. Son tuberías independientes. No hay manera de mezclar uno con el otro y la cantidad de agua utilizada es muy poca, de una magnitud ínfima. El agua que se toma directamente de las fuentes naturales ingresa y sale a la misma temperatura o con una variación imperceptible de temperatura”.

Al respecto, y refiriéndose a la cuestión ambiental, el subsecretario Gadano agregó: “He escuchado a algún gobernador muy preocupado por las ballenas, como lo estamos también nosotros. Pero, si hoy la ballena pudiera hablarnos, nos diría que hay tres cosas que la matan: primero, el calentamiento global; segundo, la caza furtiva; y tercero, y en menor medida, el turismo irresponsable. Ninguna de esas tres causas de preocupación y muerte es la energía nuclear. Aún más, la energía nuclear suplanta a centrales térmicas, las movidas por combustibles fósiles, que son las que producen el calentamiento global y el efecto invernadero. Para producir la misma cantidad de energía, la actividad nuclear utiliza 58,4 toneladas de uranio, y las térmicas usan 2,9 millones de toneladas de carbón u 8.825.600 barriles de petróleo.”

La política energética del gobierno de Macri

El subsecretario Gadano se encargó de enfatizar que no se trata de una fuente energética o de otra, sino de integrar todas las fuentes para lograr sustentabilidad. “No nos gusta hablar de soberanía energética, preferimos el concepto de seguridad energética. Que haya energía cuando la necesitemos. No es una energía contra otra, sino todas integradas: cuando el sol y el viento fallan, por ejemplo, la energía nuclear brinda la imprescindible estabilidad de base; porque es sumamente estable…siempre está allí, generando”.

Esta matriz energética de fuente diversificada tiene un plan concreto que hace hincapié en las energías renovables: “queremos que la eólica y la solar, pasen del 2% al 20% del total de la energía nacional. Para eso trabajamos. Para que reemplacen paulatinamente a las fuentes térmicas, que son las más contaminantes y las que contribuyen al efecto invernadero. La energía nuclear va a crecer en incidencia, pero en mucha menor escala”.

Proyecto Carem 25

Dentro del complejo Atucha está en construcción, desde 2014, el Carem 25, primer reactor de potencia íntegramente argentino.

Recordemos que nuestro país exporta, desde hace años, con fuerte participación de la empresa rionegrina Invap, reactores experimentales de baja potencia, para fines médicos o de perfeccionamiento científico.

Técnicamente, el Carem es un SMR (“small modular reactor”) de generación III+, el primero en construcción en el mundo.

Totalmente argentino, desde su concepción en adelante, se trata de un diseño revolucionario en cuanto a sus conceptos de seguridad: en caso de una severa crisis, puede administrar sus procedimientos de seguridad profunda hasta 36 horas sin intervención humana. El reactor, creado bajo el concepto de módulos, permite suministrar energía a pequeñas poblaciones del orden de los 100.000 habitantes y, según sus entusiastas propulsores y constructores, su comercialización internacional resultará sumamente exitosa, puesto que otorgaría energía estable de base para sitios puntuales: “se complementa perfectamente con las fuentes renovables. Cuando no haya sol o viento suficiente, el Carem estará allí para brindar energía estable siempre”.

A viva voz

Mientras el contingente de técnicos, autoridades y periodistas realizaban la recorrida por el sector de construcción del Carem, un grupo importante de afiliados a la UOCRA hizo oír sus reclamos a viva voz: “díganle a Macri que queremos laburar”, gritaban en medio de otras consignas. Según los medios nacionales, se trata de despedidos de Atucha. De acuerdo a la versión de los responsables del complejo, son obreros en relación de dependencia de contratistas que ya terminaron sus tareas específicas: “no son ni nunca fueron empleados nuestros”, dijeron, “y no los podemos absorber porque hoy no estamos demandando más personal”.

La central rionegrina

Aunque todavía falta mucho, como se encarga de remarcar el propio gobernador Weretilneck, cada vez que habla del tema, lo cierto es que el debate ya comenzó.

La central china a emplazarse en Río Negro producirá más de 1.100 MW por año. El consumo energético actual de la provincia es de 650 MW. El excedente será vendido al sistema interconectado. Serán 8 años de obra: desde el 2020 hasta el 2028, si los tiempos se respetan. La construcción ocupará a 4.000 personas como mínimo, tal vez, lleguen a 5.000. A ellos, hay que sumar el grupo familiar y todas las actividades que florecerán alrededor de la obra. El préstamo para construir la central comenzará a pagarse una vez que la misma esté generando energía. Todo ello suena muy tentador.

Pero, al mismo tiempo, no existe actividad industrial sin riesgos. Ninguna de ellas. Y la actividad nuclear está manchada por el pecado original de dos bombas, que aunque no guarden relación alguna con lo que hoy debatimos, quedaron para siempre en la memoria colectiva de la humanidad.

Seguramente hay más razones para confiar en lo nuclear, que para no hacerlo. Pero, para el hombre, las razones son sólo una parte del universo. Por fortuna, y gracias a Dios, existen también los temores, los miedos, los amores y los sueños, por mencionar solamente algunos intangibles.

Así, los argumentos y las razones, remarcando una u otra posición, serán expuestos una y otra vez. Valoremos el debate y la necesidad imperiosa de aprobación social. Se trata de uno de los tantos hermosos beneficios de nuestra querida democracia.

Fuente El Cordillerano