Buenos Aires (EP), 17 de junio 2022.  La dilación en torno a la obra del Néstor Kirchner suma incertidumbre sobre su puesta en marcha. Se anticipa un complejo escenario de no cumplir con los plazos estimados.

La polémica en la que quedó sumergido el gasoducto a Vaca Muerta la semana pasada volvió a sembrar incertidumbre sobre su inicio de operación pactado para antes del invierno 2023, tal como prometió el oficialismo. Los procesos licitatorios siguen en marcha, pero qué pasará si no se logra concretar la obra y cuál será el impacto en las cuentas del Estado.

Como punto de inicio se puede marcar que la no finalización de la obra en el tiempo estimado significará otra fuerte sangría de divisas para el Estado y un acelerado nivel de importaciones tanto de Gas Natural Licado (GNL) como de combustibles líquidos.

Hablamos de sumas millonarias y en dólares que podrían superar -otra vez- el monto necesario para la construcción de la primera etapa del gasoducto Néstor Kirchner, ya que sólo en compras de GNL se destinarían cerca de 1.500 millones de dólares. Esto sin contar la contratación de los buques regasificadores, ni tampoco las compras de líquidos para las usinas.

Vale recordar que la construcción del gasoducto permitiría incrementar el abastecimiento de gas natural desde cuenca neuquina en 11 millones de metros cúbicos, en el período invernal del año próximo. Tendrá una extensión de 563 kilómetros entre Tratayén y Salliqueló.

En números

1.500 millones de dólares es lo que se destinaría sólo en compras de GNL el próximo año si no se termina el gasoducto.

Según estimaciones de la consultora especializada en el sector, Economía y Energía (E&E) que lidera Nicolás Arceo, el atraso en la realización de la obra implicaría una pérdida de divisas por casi 1.500 millones de dólares entre mayo y septiembre de 2023. Una estimación que se realizó con el precio de los futuros actuales del GNL a 24 dólares por millón de BTU.

“El aumento de la demanda de gas natural a lo largo de los últimos años, la saturación de la capacidad de transporte desde la cuenca neuquina y la declinación de la producción de gas natural en las restantes cuencas productivas conducirá a la necesidad de un volumen de importaciones incremental durante el próximo período invernal en caso de que no se amplíe la capacidad de transporte”, advirtieron desde la consultora.

A este contexto se suma que las importaciones de gas desde Bolivia ya no son garantía y el mejor ejemplo es lo dificultoso que fue la negociación de la nueva adenda entre los países, de la que no se conoce el detalle. Incluso según los registros del Enargas, el país vecino no logró -hasta ahora- cumplir siquiera con el piso al que se comprometió de 14 millones de metros cúbicos, algo que enciende las alarmas para el año que viene.

En paralelo, recientemente se conoció que el buque regasificador que opera en el puerto de Bahía Blanca, de la empresa Excelerate Energy, no estará disponible el año que viene porque ya fue contratado por Finlandia. El asterisco aquí es que esto no implica necesariamente que no se contrate otro buque, y que Argentina tenga los dos puertos ocupados el invierno que viene, aunque sí anticipa una mayor demanda, que puede incrementar los precios.

En el caso de que no se contrate otro regasificiador y, que el país solo importe GNL desde el puerto Escobar, significará una mayor importación de combustibles líquidos para la quema en las centrales térmicas. Si bien se espera una cotización del gasoil como del fueloil más barata que la del GNL (24 dólares), en el orden de los 20 dólares, se trata de combustibles con mayor huella de carbono.

En este escenario, desde la consultora plantearon que, de no estar operativo el regasificador de Bahía Blanca, se necesitarían utilizar unos 21 millones de metros cúbicos por día de líquidos, con picos de hasta 39 millones de metros cúbicos diarios para julio de 2023.

Estas proyecciones se mantendrían siempre y cuando se importen desde la terminal de Escobar unos 19 millones de metros cúbicos por día y que los volúmenes de Bolivia se mantengan estables.

Pese a todas las complicaciones que se registraron en torno a la obra del gasoducto a Vaca Muerta, durante los primeros días de junio se lanzó la esperada licitación de la construcción y, si se cumplen los plazos, estaría adjudicada en agosto de este año, lo que cumpliría con los cronogramas establecidos.

De esta manera quedarían 8 meses entre septiembre y finales de abril de 2023 para tener la obra terminada antes de mayo del año que viene, mes en el que empieza el invierno para la industria hidrocarburífera. Sin dudas será una carrera contrarreloj y está claro que lo que está en juego va más allá de las características del caño.

Fuente https://www.rionegro.com.ar/

Fotografía Desarrollo Energético