Chile (EPatagonicas) 30 de Abril. – El desempleo activó las alarmas en Chile tras empinarse al 6,3% de la fuerza laboral entre enero y marzo, lastrado por el deterioro en la minería y la industria.

En el primer trimestre del año, la tasa de desocupación creció 0,4 puntos porcentuales (PP) respecto al trimestre anterior, y 0,2 puntos porcentuales frente a igual periodo del año pasado, informó este viernes el Instituto Nacional de Estadísticas (INE).

El indicador mensual, el más alto desde el trimestre comprendido entre julio y septiembre de 2015 -que llegó a 6,4%-, se ubicó por arriba de las expectativas del mercado, donde se esperaba un desempleo en torno al 6,1%.

El aumento de la tasa de desempleo anual estuvo influido por una fuerte caída en el rubro de la minería (13%), industria manufacturera (3,4%) y actividades de salud (3,9%), como consecuencia de la desaceleración de la economía local, que el año pasado creció un 2,1%, mientras que se espera para este año una expansión en rango similar o menor.

“Son datos que reflejan las complejidades que enfrenta la economía y lo único que cabe es hacernos cargo de ellas”, dijo la presidenta Michelle Bachelet, al comentar la cifra de desempleo.

Para el economista de la Universidad de Chile, Joseph Ramos, las cifras demuestran que llegó a su fin “la resiliencia que había mostrado el mercado laboral chileno frente al débil crecimiento” económico.

Con unos 17 millones de habitantes, los desocupados en el último trimestre sumaron 539.740, sobre una fuerza laboral de 8.617.730 personas.

Fuerte impacto en minería

Primer productor mundial de cobre, con casi un 30% de la oferta mundial, la actividad minera chilena sufre por la caída de los precios internacionales del metal rojo, que se cotiza en su menor valor en seis años, tras una disminución de la demanda de su principal comprador mundial, China.

La caída en el valor del metal, que se transa a casi la mitad de lo que llegó a hacerlo en el pico de precios en 2011 – de más de cuatro dólares por libra física-, ha golpeado la operación de las grandes mineras mundiales asentadas en Chile, obligando a toda la industria a “apretarse el cinturón”.