Buenos Aires (EP), 15 de Mayo 2021. Se cumplieron en el Día de la Minería cinco años del anuncio del tan mentado y fracasado Plan CAEM 20/21 que consistió en la inversión minera de 20 mil millones de dólares hasta el presente año.

Nada de eso ocurrió. A partir del recordatorio de ese papelón sectorial intentar cimentar otros objetivos posibles.

El hoy empleado jerárquico de la empresa minera más cuestionada del planeta, Marcelo Álvarez, cuando a pocos meses de asumir en el año 2015 como presidente de la Cámara Argentina de Empresarios Mineros, (CAEM), se creyó que podía convertirse en “alguien” dentro de un sector que lo desconocía. En aquel entonces tuvo la ingenuidad de poder ser un estratega dentro de la industria, obvio, solo falta detallar que sí lo fue para diseñar su propio beneficio.

Hizo énfasis en la actualidad del sector y del país diciendo que “Hoy, como país y como sector, estamos frente a una gran oportunidad. El país necesita un cambio en la matriz productiva y la minería es un eje fundamental en este proceso”, algo que no se cumplió…

También resaltó que “El Desafío CAEM 20/21, el cual plantea que entre 2016 y 2021 nuestro sector puede generar 20.000 millones de dólares en inversiones. Y que a nivel empleo buscará crear unas 40.000 vacantes laborales, que se sumarían a los 90.000 puestos que actualmente (año 2016) genera la industria entre empleos directos e indirectos. Así, la minería se transformaría en fuente de ingresos para 130.000 hogares, gran parte de ellos en zonas con escasas alternativas laborales, especialmente aquí en el Noroeste, en Cuyo y en la Patagonia” todo tan incierto como errado.

Además, el actual empleado de Barrick Gold  dijo “Hoy encontramos que ya hay numerosos proyectos en etapa de evaluación y algunos anuncios que muestran el interés inversor en esta nueva etapa de la Argentina. Observamos que a partir de una sólida y respetuosa relación entre las empresas, las autoridades nacionales y los representantes provinciales estamos logrando avances para consolidar una minería nacional sustentable, prolífica y de calidad”,  omitiendo que la inseguridad jurídica, el cambio de reglas de juego y la ley de Glaciares eran, son y serán los grandes inconvenientes que persisten en el país.

Pero el mayor de los yerros, las proyecciones y que define a este tipo de referente como un “paracaidista”, fue cuando afirmó que “podemos destacar el interés de muchos gobiernos provinciales por acercase a nuestra industria y conocer sus oportunidades productivas. En este sentido, podemos subrayar como ejemplo la apertura al diálogo que se consiguió en la provincia de Mendoza. Confiamos en que las tratativas llegarán a buen puerto, en beneficio de todos los mendocinos” sin duda un pronosticador de lo que no ocurrirá.

Entre otros párrafos de sus discursos pronunciados durante el año 2016 contó “que la industria minera no metalífera proporcionará los 40 millones de toneladas de piedra necesaria para que los argentinos de los aportes de los mineros para la revitalización de las economías regionales” la crisis de las Pymes a partir del año 2018 fueron catastróficas, casi fundidas.

Hubo más, palabrerío. No obstante nos detuvimos en este anuncio de hace cinco años para que podamos entender el presente de cuentos y contra cuentos, realidades y contrates, recordar el ayer para comprender el hoy.  Este sector no quiere aprender  de sus fracasos, niega con hechos sus horrores de conductas y fracasos. Desde Esquel, pasando por las leyes prohibitivas en Tierra del Fuego, Río Negro, Tucumán, San Luis, Chubut, La Rioja y Córdoba, los sucesos con revueltas sociales de Famatina y Andalgalá, Chos Malal en Neuquén  por describir algunos. No existe documento, estudios y expresión que nos informe del pensamiento del sector sobre estos sucesos. Pasaron muchos años, el movimiento antiminero organizado “No a la Mina” nació en Chubut en el año 2003, que situación, pasaron 18 años del suceso de Esquel y parece que muchos no aprendieron absolutamente nada y hasta la actualidad se reiteran empecinados en no intentar revertir la historia.

Hace cinco años un pretendido mesías pensó que los rebaños seguirían su mediocridad, se olvido aquello que dijo Juan Domingo Perón “Los pueblos no se suicidan”, podemos agregar a este concepto que tampoco lo hará ningún sector.

Es preferible el silencio sólido que el anuncio atomizado y volátil. Un país necesita de ideas y proyectos conducentes, un sector también.

En lugar de anuncios sin contenido ni sustento, la industria, como nuestra nación, necesitan gestión y más gestión. Por suerte, desde el año 2019 algo de esto pudo revertirse dentro del sector privado. Por lo menos, a diferencia de la inercia que caracterizaron los últimos 10 años de la CAEM, aparecen nuevos interlocutores en escena. Nuevas proyecciones, otros intentos.

Los empleados jerárquicos del sector minero algún día deberán comprender que necesitan un referente con imagen visible y enérgico. Sólido y capaz de llevar adelante la construcción de un mensaje real, que sea entendible. Que comprenda de alianzas para alcanzar una comunicación que demanda una mayor carga de sentido común, una estrategia concreta y  con diferentes tácticas para abordar el tema de la licencia social. Más cuando el estilo de los gerentes criollos se inclina por ponerse bajo el ala de los que obtienen la licencia política, léase gobernantes.

Un sector privado fuerte es tan imprescindible como un Estado sólido. Por eso recordar las payasadas del pasado sirven para saber de dónde descendemos. Además un empresariado consolidado puede posicionarse ante gobernantes improvisados; disociados de la realidad y sólo ocupados de sus necesidades existenciales.

Ante la falta de acción y gestión de funcionarios enfocados a determinados objetivos, como sucede en la Secretaría de Minería de la Nación desde el 2003 hasta el presente, resulta imprescindible  tener agenda propia, ideas sectorizadas, planes de acción posibles y potenciales. Esto permitirá dejar de perder tiempo, y ocupar el espacio en la necesaria construcción de soluciones a los grandes temas de la industria, la que no pasa por definir en qué momento de la creación “Dios creó el ombligo de Adán”. Más bien hay que dejarse de “boludear” y ocuparse de la Ley de Glaciares, su instrumentación; de sostener  reglas de juego, que comprendan las necesidades de una industria y de fomentar el ingreso de capitales como sucede en otras naciones, como son los casos de Rusia, Australia o China.

Hay que enfocarse, nuestra Argentina se merece una nueva oportunidad. Aprendamos de aciertos y errores.

Ah, un pedido especial, por favor, no reediten el Plan 20/21, abandonen la tentación de anuncios electorales, ya que algunos todavía lo están esperando y no es de buen cristiano andar creando falsas expectativas.

Fuente: Diario Once