San Juan (EP), 31 de Oct 2022. Dos mujeres con mucho para contar sobre el sacrificio y las recompensas que conlleva ser obreras mineras en la provincia de los grandes sueños.

Todos los días, a más de 5.000 metros de altura, con temperaturas de hasta 60 grados bajo cero, los hombres que trabajan en la mina Filo del Sol le confían su seguridad a dos mujeres en especial. Son como ángeles de la guarda, sabias, responsables, empoderadas. Julieta Acosta y a Luciana Vildozo son dos jóvenes sanjuaninas y obreras mineras, técnicas en higiene y seguridad, cuyas historias de vida reflejan, en el Día del Trabajador y la Trabajadora Minera, las alegrías y sinsabores de una experiencia laboral históricamente dedicada a los hombres.

Esta brecha de género de a poco se va achicando. Los últimos datos oficiales dicen que, entre este año y el anterior los puestos de trabajo en minería sanjuanina ocupados por mujeres crecieron casi un 70%.

«Nuestro papel es muy importante, nosotros promovemos la seguridad, realizamos nuestro trabajo que consiste en identificar y evaluar distintos riesgos que tiene la actividad que se realiza, nos involucramos mucho con los trabajadores. Y en minería, que es un trabajo que no es fácil estar 14 días lejos de la familia, con fríos extremos, donde sabemos que los riesgos son mayores. Tratamos de valorarlos, compartir ideas, incluso hablar sobre temas personales porque a veces eso influye en lo que pueda ser un incidente», cuenta sobre su rol Julieta (28).

Para Luciana (28), que presta servicios al igual que Julieta en Delta Mining dentro del emprendimiento Filo del Sol, ubicado en Iglesia, no es tarea fácil lo suyo. Actualmente ocupa el puesto de Supervisora en prevención de riesgos.

Jornadas sin fin

¿Cómo es un día de trabajo de estas mujeres? Luciana cuenta que «comenzamos a las 6 de la mañana con reuniones de parte de la supervisión, a las 7 empezamos nuestra jornada laboral, tenemos nuestras charlas con los trabajadores y luego nos dirigimos al campo hacer nuestra. Ahora estoy en movimiento de suelo y estoy todo el día en la operación, en la zona de trabajo para ver los equipos y las condiciones de seguridad de los trabajadores. Nuestro día ahí termina alrededor de las 20 en lo que es el proyecto y luego bajamos hacia el campamento, que tenemos una hora de viaje, para continuar nuestra tarea en gestión administrativa. Así que nuestro día laboral está terminando a las 10 u 11 de la noche. Ahí llegamos para descansar».

Julieta describe su trabajo: «yo hago un roster de día y uno de noche. Si estoy de día me levanto a las 6:40 que me subo al ‘puerta a puerta’ y estamos llegando tipo 8 porque hay que ir a una velocidad baja. Subimos, hacemos las charlas en el predio con los chicos y voy observando los riesgos que tienen los chicos que están en plataforma. Si encuentro algo lo comunico. También realizamos charlas de otras cosas como temas del día importantes y, si hay accidentes en otro proyecto, siempre analizamos la situación para que lo tengamos en cuenta».

El desafío de la montaña

Tremenda exigencia es igual para hombres y mujeres que en la montaña realizan tareas similares, tanto en lo administrativo como en otras labores como la conducción de los característicos camiones fuera de línea. En el caso de Luciana, valora que «la cordillera es totalmente un desafío. Está bueno porque es un trabajo muy dinámico estar todo el tiempo sometida a lo que son los cambios climáticos. Mucho frío, mucha nieve».

«Actualmente en este proyecto hay días que son muy ventosos pero una nunca se cansa porque todos los días es una tarea diferente», apunta Luciana.

A Julieta le cuesta también la cordillera. «Estamos en plataforma hasta 5.200 metros de altura, creo que es unos de los proyectos más difíciles que hay en lo que respecta a los fríos que son extremos. A veces llegamos a tener una sensación térmica de 60 grados bajo cero o 50, porque tenemos vientos muy fuertes. A mí me pasa que la puna, el clima, los llevó bien, como puede ser un día que estés bien puede haber un día que estés mal, claramente es muy difícil. Caminas un poco y sentís que hiciste una maratón pero creo que uno el cuerpo de uno se va acostumbrando».

La vida entre el abajo y el arriba

Las mujeres de estas historias comparten ser de familias numerosas, Luciana tiene a sus padres y 7 hermanos. Hace un régimen de 19 por 15 días. «Al ocupar un puesto que me demanda mucho campo estoy todo el día bastante ocupada, si bien se extraña a la familia, y más cuando son fechas especiales, tratamos de mantenernos en contacto mediante red de WhatsApp ya que no hay teléfono. No hablo todos los días y como a veces termino la jornada cerca de medianoche no les puedo hablar, pero siempre mando mensajitos. Tener nuestro día ocupado me hace no estar pendiente de casa, cuando hay días de bajones necesitamos sentirlos cerca, pero siempre la familia está apoyándonos en nuestra forma de laburar».

«A mí me gusta trabajar aquí. Creo que para la mayoría de las personas que estudiamos esto una de las metas es trabajar en la minería. No es fácil estar 14 días pero son experiencias que muchas veces uno no las tiene en otro lugar», analiza Julieta.

La joven estudió en una escuela pública y terminó la secundaria con el Plan Fines en la Carlos Pellegrini. Tuvo una nena y al año y medio entró a estudiar en la Universidad Católica de Cuyo, donde obtuvo diploma en 2018. «Cuando me recibí no le avisé a nadie, ni a mi familia. Estuve con una amiga cuando fui a rendir la última cátedra que fue Seguridad Vial y la saqué con un 9, así que fue un logro muy grande recibirme. Más porque yo vivía muy lejos, iba desde 9 de Julio hasta Rivadavia, era difícil dejar a mi hija y volver, pero logré recibirme». De origen humilde, ahora asegura que gana muy bien ya que la empresa donde presta servicios es multinacional y asegura que no se puede quejar.

A la pequeña Eva la cuidan los abuelos paternos. «Es difícil. A veces no estoy para momentos importantes, como cuando mi hija juró la bandera. Pero termina entendiendo mi trabajo. Acá en la cordillera pase el Día de la Madre, mi cumpleaños, acá voy a pasar la Navidad. Pero creo que le inculco a mí hija algo lindo para su futuro, la independencia como mujer ya sea económica, como la libertad de poder trabajar», cuenta Julieta.

El respeto de los hombres

Para Luciana «el papel de las mujeres en la minería me parece totalmente un desafío y está bueno ver como se va incrementando. Se ven mujeres en diferentes puestos de trabajo, liderando grupos, supervisando, en puestos de alta jerarquía. Está muy bueno ver las mujeres cómo crecen en este ambiente», valora.

«¿Cómo veo las mujeres la minería? Creo que hoy en día la mujer tiene un rol protagónico en lo que respecta a las operaciones de mina. Ya no es secretaria o administrativa sino que está más metida en operaciones mineras acá, como maquinistas de máquinas pesadas, que se dedican al campo de la minería. La mujer se está metiendo en este terreno donde antes se decía que era imposible poder estar», analiza Julieta.

A pesar de la complejidad de su empleo, la joven madre y técnica disfruta de lo que hace. «Me gusta mucho y trabajar en un lugar donde hay muchos hombres, porque somos muy pocas mujeres. Es un proyecto grande y nos sentimos bien. En particular me siento muy cómoda, nunca me faltaron el respeto».

Y agrega que «en esto el hombre ha cambiado muchísimo, tiene mucho respeto por la mujer. Muchas veces tiene miedo de cómo tratarte y hasta de hablarte porque se presta para confusiones. Acá los hombres son muy respetuosos».

Fuente https://www.tiempodesanjuan.com/

Fotografía Infobae