Buenos Aires (EP) 27 de Abr. –  Sobre dos grandes razones para observar con optimismo la actualidad y el futuro inmediato del sector minero en la Argentina, opinó para Télam Francisco Vadone, director de El Inversor Energético & Minero.

Tras las últimas temporadas de caída en la actividad exploratoria y una preocupante escasez de nuevos anuncios de inversión (con honrosas excepciones dentro del segmento del litio, en el norte del país), emergen dos grandes razones para observar con optimismo la actualidad y el futuro inmediato del sector minero en la Argentina.

La primera tiene que ver con el repunte de los precios internacionales de los metales, factor que revitaliza el atractivo de su búsqueda en mercados con la potencialidad geológica del nuestro.

La continuidad de esta tendencia alcista en un tradicional bien de resguardo como el oro, por caso, parece asegurada ante el recrudecimiento de las disputas comerciales entre Estados Unidos y China, por un lado, y la creciente tensión geopolítica en Medio Oriente, por otro.

La segunda razón se vincula básicamente con el mejoramiento de las condiciones domésticas para captar la atención de los inversores.

Si bien siguen pendientes de resolución algunas definiciones parlamentarias clave, como la confirmación del Nuevo Acuerdo Federal Minero y la revisión de la Ley de Glaciares, entre los analistas se encuentra generalizada la idea de que hoy la Argentina ofrece un ambiente normativo y fiscal más apto para la llegada de capitales al rubro.

En este contexto, la Subsecretaría de Desarrollo Minero de la Nación se ilusiona con la posible puesta en valor de los recursos provenientes de aquellos proyectos de metales preciosos que ya cuentan con estudios de factibilidad aprobados o cursan una etapa de exploración avanzada.

Ubicados en la zona cordillerana y en la Patagonia, estos emprendimientos (entre los que figuran Cerro Moro, Pascua Lama y Navidad, por sólo citar algunos) significarían la adición de casi 32,7 millones de onzas de oro y más de 1.800 millones de onzas de plata (entre las que pueden mencionarse a Pachón, Taca Taca, Los Azules y Agua Rica), que serían capaces de sumar 57 millones de toneladas (Tn) en reservas.

Se calcula que el desarrollo sustentable de cada uno de estos yacimientos haría posible la creación de entre 1.000 y 3.000 empleos directos para cambiar la realidad económica y social de comunidades sumamente vulnerables.

En el caso del litio, negocio que se mantuvo ajeno al proceso de retracción que vivió la actividad minera en los últimos tiempos, todo indica que el interés de los inversores no decaerá.

Según previsiones de la Comisión Chilena del Cobre (Cochilco), en menos de cinco años la producción argentina superará a la trasandina, que por estos días lidera el ranking global.

Con la entrada en operación de proyectos como Caucharí-Olaroz y Sal de Vida, y la ampliación de otros como Rincón y Centenario-Ratones, para 2021 la obtención de “oro blanco” en el país trepará hasta las 160.000 Tn (frente a las 147.000 Tn previstas en Chile).

El gran desafío, por lo tanto, pasa por estimular la industrialización in situ (es decir, el agregado de valor local) del recurso.

Frente a este escenario esperanzador, no es de extrañar que diversas consultoras pronostiquen una suba anual de las exportaciones mineras y un mayor aporte sectorial al desempeño del Producto Bruto Interno (PBI).

Al vaticinar un crecimiento de un 6,4% en sus envíos al exterior, Abeceb posicionó a la minería como uno de los ocho principales bastiones económicos de la Argentina para esta temporada.

Esta cifra no está nada mal para un segmento que viene de reducir considerablemente su aporte a las arcas nacionales (y para una economía cuyo anunciado despegue sigue en compás de espera).

El sendero a transitar, por supuesto, no estará exento de múltiples desafíos y dificultades.

La administración de Mauricio Macri, en ese sentido, tiene previsto unificar las reglas de juego y los estándares de desempeño minero. Puertas afuera, lo hará a través de la adhesión y promoción de un Protocolo de Buenas Prácticas Públicas en la región. Puertas adentro, en tanto, la principal batalla tendrá lugar en el Congreso de la Nación.

Parece claro, en ese ámbito, que el éxito del Gobierno dependerá en gran medida de su muñeca tanto para convencer a los gobernadores menos dispuestos a replantear la gestión de los recursos naturales dentro de sus provincias como para sobrellevar las presiones antimineras provenientes de buena parte de la oposición política (algunas, incluso, surgidas del seno de Cambiemos) y de algunas organizaciones ambientalistas.

Por lo pronto, que el debate esté planteado no resulta una cuestión menor.

Télam