Neuquén (EPatagonicas) 04 de Julio. – Son datos oficiales estimados por la provincia a través del Copade. Es el insumo “real” con el que el gobierno planificará el desarrollo de Vaca Muerta y su impacto en la región.

Transitar sobre la Ruta 7 cualquier día de semana entre las 7 y las 9 de la mañana se convirtió en una aventura. Aquel camino de doble vía pensado para el futuro ya es puro pasado: sus cuatro carriles no dan abasto para afrontar el tráfico diario, potenciado de forma exponencial por el desarrollo de Vaca Muerta.

La postal, cotidiana para cualquier neuquino o rionegrino que recorra estas latitudes, alcanza para mostrar el embudo en el que quedó sumergida la región con el boom no convencional. Y la presión sobre la infraestructura amenaza con ponerse peor.

Según un estudio realizado por el Copade, la población provincial de Neuquén se duplicará en una década. Para afrontar ese aluvión hará falta construir unas 14.000 casas por año. El tránsito de esos nuevos habitantes, sumado a las mayores cargas, exigirá 1.600 kilómetros nuevos de redes viales y más 80 kilómetros de vías de trenes para apuntalar la zona.

Ésta es tan solo una más de las tantas proyecciones realizadas para la región. Hace dos semanas, el consultor Alex Fleming de Ernest & Young (E&Y) pintó un panorama aún más preocupante, proyectando a la región el modelo de desarrollo que tuvo Eagle Ford, la primera formación estrella de Estados Unidos. En cinco años, la producción de gas y petróleo de Vaca Muerta se duplicará. Con ella, se incrementarán en 70.000 los viajes de camiones de larga distancia y se requerirá un 20% más de conductores full time.

Los números de demanda laboral, vengan de donde vengan, hablan de un incremento de decenas de miles de puestos por año. Ni con un “baby shale boom” la región podrá abastecer esos niveles, por lo que se esperan importantes migraciones. Cómo será la interacción de esos nuevos valletanos con las estructuras políticas e institucionales de la región, es un misterio.

Las consultoras Accenture y E&Y, la Cámara Argentina de la Construcción, el Instituto Argentino del Petróleo y el Gas (IAPG) y el propio Copade tienen sus proyecciones. Aunque basadas en distintos modelos y con una serie importante de presunciones, todas coinciden en algo: el futuro ya llegó. La realidad de Neuquén y Río Negro fluye por el agujero de ese embudo y nada hace prever que en el corto plazo el panorama cambie.

La carrera contra el efecto Vaca Muerto exigirá otra visión, otro panorama. El ritmo de viviendas para atender la demanda será imposible si no se cambia el ladrillo por la construcción en seco. ¿Lo aceptará la Uocra? ¿Qué dirán las constructoras, las cementeras y los corralones?

Del mismo modo, el tránsito será inviable si no se apuesta a las multitrochas, al uso de un tercer carril para vehículos pesados o al ferrocarril para las cargas.

Afrontar la demanda de personal se convertirá en una quimera si no hay capacitación conjunta entre empresas, Estado y gremios.

La experiencia en Estados Unidos indica que no hay modo de seguirle el ritmo al desarrollo privado sin un trabajo conjunto. Y aun así puede que haya que acostumbrarse a mirarle la espalda.