Buenos Aires (EPatagonicas) 13 de Abril. – El 27 de mayo llegará a las costas argentinas un buque petrolero cargado con un millón de barriles de crudo denominado Bonga, propio de Nigeria. La operación, que costará unos US$ 44 millones, resume la nueva dinámica del sector en la administración de Mauricio Macri.

Las empresas acceden al mercado internacional con libertad, tal como estipulan las leyes, aunque bajo la mirada del Gobierno, que busca con esa venia un objetivo delicado: favorecer a las compañías que producen y venden combustibles en el mercado local, como YPF, Shell, Axion, Petrobras y Oil, para que digieran con más facilidad el mal trago de no haber podido trasladar a los precios la totalidad del impacto de la devaluación de diciembre.

Pero al mismo tiempo intenta moderar el apetito importador, debido a los bajos precios internacionales, para sostener la actividad de los productores locales de crudo, que están en crisis.

El barco proveniente de Nigeria fue adquirido por Axion, la petrolera de la familia Bulgheroni y la china Cnooc, que lo compartirá entre Shell, Oil y Petrobras. Cada una de ellas se quedará con el 27% de la carga, salvo la empresa brasileña, que recibirá un 19 por ciento. YPF, bajo control estatal, prefirió no participar de la operación porque tiene suficiente crudo de producción local para abastecer sus refinerías.

Hay razones económicas evidentes para importar petróleo. Por un acuerdo entre las refinadoras y las productoras, con el apadrinamiento de Energía, el barril de petróleo denominado Medanito, de Neuquén, se vende en el país a US$ 67,50. Ayer, el crudo denominado WTI, que históricamente estuvo más caro que el local, cerró a US$ 37,26, es decir, apenas un 55% de su precio.

El Gobierno acepta un precio local más alto para evitar una caída aun mayor de la actividad, causada por la baja de precios internacionales, algo que trajo problemas en las provincias productoras. Las refinadoras utilizan el petróleo importado, que les permite bajar sus costos, como un aliciente para soportar los aumentos en los combustibles (6% en enero, en febrero y en abril), que las deja lejos de los márgenes de rentabilidad que tenían antes de la devaluación. Axion le compró el cargamento a Shell Western, una filial de Shell, la empresa cuya casa local manejó hasta junio del año pasado el ministro de Energía, Juan José Aranguren.

Si bien algunos dedos apuntan contra esa vinculación, fuentes cercanas al ministerio negaron un eventual conflicto de interés porque se trata de una operación entre empresas privadas. Eso no ocurrió hasta el año pasado, cuando la importación de crudo estaba a cargo de la estatal Enarsa, que compraba a un precio menor y luego obtenía una ganancia al momento de vendérselo a las refinadoras locales a un valor similar al del mercado interno. Ahora el beneficio va para las empresas, que lo utilizan para moderar la pérdida de rentabilidad.