Neuquén (EP), 23 de Ene 2021. El mundo no la pasó bien en el 2020, debido a la pandemia de COVID 19, y nuestro país no fue la excepción. En el primer semestre del año, la producción de petróleo sufrió un gran revés a nivel global, debido a la paralización del transporte. La segunda parte del año, sin embargo, la demanda comenzó a recuperarse y las empresas comenzaron una suba gradual de equipos. Los niveles de producción, entonces, se fueron recuperando, pero aún no se alcanzaron los números anteriores a la pandemia.

La formación shale Vaca Muerta, con sus abundantes recursos de gas y petróleo, también dio cuenta del impacto: una parálisis casi total hacia el segundo trimestre del año y posterior recuperación (en abril de 2020, por ejemplo, se dio el insólito registro de “cero fracturas” en la formación, que es una de las maneras de medir los niveles de actividad). La buena noticia es que tras un 2020 para el olvido, la perspectiva de las firmas que operan en el sector apuntan a que el vigor demostrado en el último tramo del año que acaba de terminar se intensifique en los próximos meses.

La suba de la demanda es uno de los motores de la recuperación de la actividad en Vaca Muerta (recordemos que casi el 90% de la energía que consume el país tiene forma de gas y petróleo. De ese total, los recursos no convencionales de Vaca Muerta representan alrededor del 20% del petróleo y del 50% del gas). Pero también la mejora de los precios internacionales del crudo, los estímulos -como el nuevo Plan Gas, el llamado “barril criollo” y la eliminación de retenciones a la exportación- y los acuerdos entre empresas y sindicatos tienen importancia. Las exportaciones, en buena parte, mantuvieron con vida la actividad en Vaca Muerta, ya que se envió al exterior el 40% del shale oil producido durante el año.

Basta ver algunos números para entender el daño que generó la pandemia pero, también, el actual optimismo. Durante todo 2020, en la provincia de Neuquén se perforaron 140 pozos, de los cuales 114 fueron a objetivos de hidrocarburos no convencionales. Esto representa una caída de casi el 60% respecto de 2019, por ejemplo.

Por otra parte, la consultora NCS Multistage informó que el promedio de etapas de fractura por mes en 2020 fue de 269, lo que representó una discontinuidad respecto del ritmo creciente de los últimos años. Para entenderlo mejor, en 2016, el promedio fue de 143 etapas de fractura mensuales. En 2017 alcanzaron las 248. En 2018 fueron 402, y en 2019 el promedio tocó las 534. Sin embargo, aunque el promedio de 2020 representa la mitad del de 2019, los números mostraron un pico en noviembre, cuando se hicieron 545 etapas de fractura. De ahí también, en parte, los buenos augurios para 2021.

Fuente http://www.shaleenargentina.com.ar/