Neuquén (EP) 29 de Nov. – Recorrer la superficie de Vaca Muerta permite comprender la inmensidad del yacimiento y los desafíos que tiene el sector de los hidrocarburos argentinos por delante. Son kilómetros y kilómetros de aridez que sorprenden e ilusionan. A lo largo del viaje, por autovías en construcción, asfaltos sin marcar y caminos de ripio, se aprecia en absoluta soledad la enormidad de la roca madre, una formación geológica de 30.000 km² y 5.000 metros de espesor, que cubre gran parte de Neuquén, el sur de Mendoza, un franja del noroeste de Río Negro y un puñado de hectáreas de La Pampa.

A la vera de las rutas, en paralelo al andar, se observan cientos de carteles de “peligro y precaución” clavados en la tierra, por donde se trazaron miles de km de tuberías que transportan gran parte de la energía del país: hoy Vaca Muerta aporta el 20% del petróleo y el 26% de gas nacional, con un nivel de explotación del recurso de apenas 3,8%. “Todo es así. No hay mucho más, pero aunque no se vea nada arriba, hay mucho debajo”, comenta el guía de la travesía en la que estuvo Ámbito.

Cada persona que allí trabaja lo hace bajo un sol ardiente, en atmósferas explosivas, con jornadas de 12×3 o 21×5, soportando ráfagas a 40 km/h y con la boca seca por el polvillo. Las herramientas son pesadas y su uso requiere máxima atención. Sin lentes y con viento de frente no se ve nada. El paisaje es monótono: pequeños arbustos verduscos, bardas a lo lejos, líneas de alta tensión que cruzan en todos los sentidos y, de tanto en tanto, minicampamentos que rodean las torres de perforación, plantas procesadoras, casas containers, inmensas piletas de agua, cigüeñas o caños de 40 metros de alto que queman el gas tóxico desaprovechado, con una lengua de fuego en la punta.

El 2019 fue uno de los mejores años para Vaca Muerta. Desde el redescubrimiento en 2008 nunca tuvo tanta perforación: 1.300 pozos shale en operación, de los cuales unos 850 son horizontales. El director de Exploración, Explotación y Transporte de Hidrocarburos de Neuquén, Alex Valdez, reconoce que el yacimiento se encuentra en una competencia mundial. “El no convencional no es un solo pozo como era antes Loma La Lata, que producía 500.000 m3 por día. El shale arranca en 200.000 m3 y quizás rápidamente cae y te queda en 50.000 m3. Hay que hacer muchos pozos para poder llegar a tener mayor productividad a lo largo del tiempo y es indispensable bajar los costos”, describió el ingeniero en diálogo con Ámbito.

Los equipos perforan 1.000 metros en vertical y hasta 3.500 en horizontal. Luego entra un duco de acero sin costura de 30 cm de diámetro en la boca y de menos de 20 cm en el otro extremo, se recubre con cemento (hormigón) para evitar derrame y daño ambiental y se despachan elementos químicos (bombas) que detonan el ducto y lo dejan como un colador. El paso siguiente es inyectar agua con arena: la roca es poco permeable y la arena mantiene los orificios abiertos, por donde escurre el líquido, el barro y el crudo. Se hidrata la piedra y el petróleo empieza a brotar a contra presión natural. Sale solo, de cinco coloraciones distintas, según la calidad del pozo. De Vaca Muerta aflora petróleo verde. El proceso de perforación y completación lleva entre 30 o 40 días, depende de la extensión de la bajada. Se va el equipo y queda el martillo o cigüeña, con un control satelital a distancia. Desde Buenos Aires o Houston se miran las pantallas y se deciden las maniobras de corrección.

El pozo debe atravesar cuatro estados: permiso de exploración, proyección piloto, piloto en curso y finalmente desarrollo continuo. Producir en Vaca Muerta es muy caro, pero la eficiencia tecnológica y la asistencia de multinacionales lo abarataron. Se empezó con un costo de u$s26 millones por pozo y hoy en promedio se calculan u$s8 millones. Para ser competitivo no puede superar los u$s6 millones. El riesgo es muy alto: puede dar o no dar. Más tecnología implica menos tiempo y menos mano de obra (no menor cantidad empleados). Los equipos de perforación radial walking rigs tienen un margen de error de solo un metro estando a cinco kilómetros de distancia. Se manejan por joystick y se trasladan sin necesidad de ser desmontados.

Un equipo perfora las 24 horas, los 365 días del año. Por cada escarbado se necesitan entre 100 y 150 trabajadores. El servicio de completación lo hace generalmente otra contratista. La jornada laboral en el pozo arranca a las 7 de la mañana con una reunión de pase de turno y seguridad. La seguridad es garantía de calidad: en Vaca Muerta rige tolerancia cero a las drogas, los medicamentos sin autorización, el alcohol y a partir del próximo año a las gaseosas con azúcar. “Hay que estar bien descansando, el tiempo no para”.

Fueron necesarias grandes obras de infraestructura, principalmente para abastecer de energía y telecomunicaciones. Estos desarrollos permiten contar con datos para operar con precisión y señal de celular, fundamental para mantener a los trabajadores comunicados. Del pozo llega barro, agua, gas y crudo. La planta de separación hace su trabajo. Un solo pozo necesita 880 viajes de camiones con 35.000 litros de agua cada uno. Por eso se construyeron grandes piletas en sectores estratégicos, cerca de las torres. Con el tendido de acueductos y mangueras flexibles se bajó a 800 camiones.

Las empresas aseguran que el volumen de líquido tomado para Vaca Muerta no incide en el caudal de los ríos neuquinos. Toda el agua del río Neuquén se pierde en Bahía Blanca y va al mar. En comparación, dicen que el petróleo utiliza el 2% del agua que usan las frutas del Alto Valle. El avance tecnológico permitió tratar el agua del fracking, potabilizarla y volver a inyectarla. En Vaca Muerta se logró un nivel de 3% de devolución del agua utilizada (flowback) frente al 30% o 40% de Permian, en Texas.

La arena que se utiliza en la cuenca neuquina en buena medida es importada de China, Estados Unidos y Brasil. Chubut hace un gran aporte. Se mueven 50.000 camiones por año y para 2023 se necesitarán el doble. En los últimos meses Entre Ríos comenzó a aportar miles de toneladas, unos 300 convoy por día. YPF sueña con tener “nuestra propia arena”. Una empresa nacional diseñó un arenoducto de 220 km de largo, que costaría la mitad que un ferrocarril. Chelforó, en Río Negro, sería el punto de descarga de los camiones, y desde allí, la arena viajaría con agua directo a Vaca Muerta. Otro proyecto es incrementar el uso de la arena química de laboratorio. Los productores coinciden que reducir el costo del flete mejora ampliamente la competitividad. “Si no mejoraba la efectividad y se bajaba el costo de un pozo, muchos acá hacían las valijas y se iban”, confesó un directivo de una compañía extranjera líder en shale.

En OETEC creen que suponer exportaciones por u$s20.000 millones para 2022 y u$s40.000 millones para 2025 carece de todo sustento técnico. Prefieren los números más realistas: para 2021 podrían ser u$s5.000 millones en crudo y gas. Pero lo que el Observatorio se plantea es qué hacer con Vaca Muerta: ¿una segunda Pampa Húmeda hidrocarburífera o una revolución industrial?

Los académicos de OETEC dan señales con un ejemplo: las exportaciones de gas con valor agregado brillan por su ausencia cuando la venta al extranjero de urea y metanol triplica el valor de venta del GNL. Las ventas al exterior de estos productos a partir de 2023 podrían aportar en el corto plazo entre u$s3.000 y u$s4.000 millones adicionales por año a las de crudo y gas natural, con la ventaja de haber implicado inversiones en plantas de metanol, urea, propileno y polipropileno, multiplicando empleo local (cerca de 50.000 nuevos puestos de trabajo), desarrollando la industria de la construcción, la industria metalúrgica y fomentando las capacidades científicas y tecnológicas nacionales.

Sin embargo, para desarrollar la industria petroquímica hacen falta más inversiones. Y esta es otras de las explicaciones del freno en Vaca Muerta: la falta de financiamiento. Semanas atrás el Gobierno de Cambiemos postergó por segunda vez la licitación para construir un nuevo gasoducto de 40 millones de m3 diarios y dejó la responsabilidad a la administración de Alberto Fernández. Esta obra demandaría u$s800 millones, pero generaría excelentes ingresos, porque sería el primer paso para la construcción de la ansiada planta de licuefacción en Bahía Blanca. La incursión de los bitrenes por las carreteras argentinas y la reactivación de un ramal ferroviario para los no convencionales también son desafíos pendientes.

En la gobernación neuquina lo tienen en cuenta. “El gran desafío es cómo llegar a la demanda de gas, ya sea local o para exportar, saber dónde está. Si se instala una planta le falta el caño troncal. Otro desafío es aplicar tecnología para llevarlo del yacimiento con isotanques por ruta a la central mendocina de Anchoris, donde se transforma en GNL. Los aviones podrían tener una autonomía de 1.000 km con GNL. Y lo mismo con el GNC, otro producto para explotar”, expresó el director provincial de Hidrocarburos.

Un desarrollo sustentable de Vaca Muerta permitirá abastecer el mercado interno de gas natural y combustibles (nafta, gasoil, GNC), tener excedentes exportables permanentemente, ingreso de dólares genuinos, incremento de la recaudación impositiva y las regalías (Nación, provincias, municipios), generación de obras de infraestructura, creación de miles de puestos de trabajo y crecimiento demográfico y prosperidad en las ciudades aledañas a la roca.

El “desierto” neuquino va quedando atrás y la fugaz recorrida por el yacimiento llega a su fin. Estar en el llano permitió conocer de cerca la realidad y los problemas de una industria prometedora. Al pasar, surgen otras ideas, como crear un Fondo Anticíclico como se hizo en Noruega para que no falten inversiones en momentos de escasez de divisas o crisis económica. Otros piden auxilio del Congreso.

Revista Petroquimica, Petroleo, Gas, Quimica & Energia