Neuquén (EP) 22 de Mayo. – No hay pulseada electoral si al mismo tiempo no se involucra el tema Vaca Muerta en Neuquén. En realidad, no hay política sin petróleo y gas. Hace tantos años que de lo único que se habla es de regalías y cómo repartirlas, que la política se ha concentrado, simplificado y hasta grotescamente convertido en un gran proceso de simulación escondido entre las válvulas de la gran industria extractiva.

El tema sobrevuela todo el tiempo las actividades explícitas de los principales dirigentes. Este año, enfrenta en la competencia al oficialismo nacional –Cambiemos o simplemente macrismo, como ya se lo empieza a denominar, siguiendo la tradición personalista- con el hegemónico MPN. Hay polarización, o la habrá. No tanto en la competencia hacia el Congreso, pero sí, con fuerza centrípeta, en las locales capitalinas.

Por eso no sorprende que apenas regresó el gobernador Omar Gutiérrez de compartir algunas líneas de diálogo con los principales referentes del gobierno nacional en China, el presidente de Cambiemos e intendente capitalino, Horacio Quiroga, emprendiera viaje hacia Washington y Houston, con el tema Vaca Muerta en su agenda. Por eso no sorprende que Guillermo Pereyra, el senador y parte importante de cualquier negociación en la industria, acapare la intencionalidad de desnudar negocios, lícitos o no (eso no es lo importante en Argentina) desde Cambiemos hacia el MPN. Y tampoco sorprende que YPF juegue fuerte también en el plano político, no directamente, pero sí desde lo que puede hacer, influyendo, desde la voluntad explícita del macrismo de limar el poderío emepenista en el distrito dueño de la formación geológica más prometedora en el mundo.

Por estos días, YPF está negociando con comunidades mapuches –Paynemil y Kaxipayiñ, centralmente- porque se necesitan poner en campo, para producir, más de una veintena de equipos tanto en Loma La Lata (convencionales) como en otros yacimientos de Vaca Muerta (no convencionales). En esos territorios domina una especie de corporación que el MPN ha sostenido y tolerado tal vez más allá de lo aconsejable y hasta más lejos que lo legítimo, y que la empresa petrolera, tanto como estaba Repsol como después de la re-estatización, ha convalidado con dinero contante y sonante.

Se dice que YPF ha ofrecido más de dos millones de pesos por equipo, pero que esa oferta fue rechazada de plano por los mapuches, que pretenden más. ¿Cuánto más? Se habla de entre 250 y 300 millones de pesos en total, más la contratación de determinadas empresas de servicio en donde los popes mapuches tienen intereses concretos. Mientras se negocia, las comunidades –que gozan de un considerable respeto a nivel internacional- han presentado un apreciable paquete de denuncias por contaminación en la Justicia Federal. Con eso se presiona incesantemente, sobre la base de la rápida credibilidad que tienen estos asuntos, en una industria que no se distingue por la limpieza y el respeto al ambiente, muchos menos en términos ancestrales.

La negociación en marcha, se afirma, tiene la participación de funcionarios o ex funcionarios del MPN de primer nivel. Es la gran sospecha política que alimenta ahora a Cambiemos. ¿El MPN participa para ayudar al progreso, o para sacar tajadas de la torta en connivencia con los líderes originarios? La sospecha está instalada, con algunos indicios y algunas pruebas que probablemente no se den a conocer nunca, porque el negocio está enredado en la maraña de la legalidad culposa desde hace tanto tiempo ya, que se ha consolidado como normalidad. Además de que pocos, o tal vez nadie, en la política argentina, tenga la intención de ir hasta el hueso y separar la carne putrefacta del mal que hoy se luce en Brasil como un revival de la Argentina del 2001 y el “que se vayan todos”.

Mientras trabajan los abogados, y los estrategas de los partidos políticos buscan manera de conectar la realidad petrolera con la de las incipientes campañas del año, se constata una casi inevitable mediocridad. Pocas ideas, mucha reiteración. Nada que brille, que asome con alguna idea innovadora. Mucho conservadurismo en una provincia tan joven, decorada por el progresismo, la diversidad, el pluralismo, pero profundamente reacia a los cambios.

Esto tiñe la coyuntura. El MPN se concentrará en conservar, en consonancia con una lectura de la mayoría que prefiere seguir cabalgando en el mismo caballo. Cambiemos pretende hacer honor a su nombre. Pero…¿se animará a la osadía, o se quedará en los aprontes?

Fuente Diariamente Neuquen