Más de 50 días de incendios devastan el campo chubutense


Chubut (EP), 5 de febrero ‘26. Experimentados hombres de campo aseguran que están frente a una “catástrofe”, y llevan sus animales a tierras más bajas de Chubut afectadas por las sequías.

Juan Goya está parado sobre una loma y tiene todo un frente de fuego ante sus ojos. Es productor ganadero en el noroeste de la provincia de Chubut, donde los incendios llevan más de 50 días. “Hoy, por ejemplo, (la entrevista la realizamos el lunes), hay tanto viento que los aviones y los helicópteros no pueden volar, y la semana pasada había tanto humo que tampoco podían volar”, explica este miembro de una familia de productores que hace 100 años pisan el mismo suelo. Mesurado y preciso, el hombre repasa registros históricos para sustentar su opinión sobre la recurrencia de los incendios. Consultado desde +P sobre su explicación a este persistente azote de la naturaleza, concluye sin dudar: “Lo que se nota es el cambio climático”. Y los números sustentan esa convicción, porque de un régimen de lluvia histórico de 700 a 800 milímetros anuales, “después pasamos a unos 500 milímetros”, explicó. Cuando se le consulta qué números arrojó el registro del año 2025, se comprende por qué el panorama es tan desolador: cayeron apenas 320 milímetros. El nivel del dique Florentino Ameghino, que está sobre la cordillera y al oeste de Esquel, bajó 8 metros y tuvieron que parar las turbinas.

La zona de los incendios (uno que comenzó en el Parque Nacional Los Alerces y el otro que comenzó en Epuyén), es la región de la provincia de Chubut por excelencia para la cría de ganado. Los bosques de lengas y ñires son, además de una reserva verde, el área de pastoreo natural de los rodeos durante la veranada.

Días y días a caballo

Hay testimonios de jinetes que pasaron 3 o 4 días juntando animales para llevarlos a zonas más bajas para preservar su capital de trabajo. “Es muy difícil en estos momentos juntar la hacienda porque no se ve nada”, comentó este ganadero, que además es abogado y fue presidente de Confederaciones Rurales Argentinas. Sobre el trabajo diario, aseguró que “es un sistema muy solidario”, por el cual los dueños de campos y sus trabajadores se internan en los cañadones a buscar los animales antes de que queden rodeados por el fuego.

“Encima esta no es una zona de muchos caminos, por lo tanto, los brigadistas incluso tienen que primero abrir una picada tal vez para llegar al punto donde tienen que ir a trabajar”, dice Goya y le pedimos que apele a su memoria para comparar estos incendios con los ocurridos en el pasado, y no hay parangón: “Nunca fue tan grande y por tantos días. Es una verdadera catástrofe”.

Contó que hoy ambos incendios (Los Alerces y Epuyén) son uno solo, y que una lengua del primer incendio se descontroló e ingresó a su campo. Cuando se le consulta qué se hace con la hacienda luego de los arreos, explicó que se trae de nuevo a los campos bajos de la invernada, que están secos por la falta de lluvia. “A esos campos, lo habitual es llegar con los animales para abril o mayo, así le damos tiempo al pasto a que se recupere, pero ahora los bajamos igual”, lo que implica que en pocos meses habrá un déficit importante de pasturas en esta zona de la provincia de Chubut.

Por el momento no hubo mortandad de animales por el fuego, pero sí existe “un desgaste emocional muy fuerte, porque es ver todos los días para dónde va el fuego, y salir para evitar que se meta en algún cañadón, y ver por dónde anda la hacienda. Por eso el desgaste es muy grande”, aseguró Goya.

La tierra quedó desnuda

Donde ocurren los incendios “son todos campos de veranada, campos de mucho monte, de mucha lenga y mucho ñire, y eso es un material de muy alta combustión. Prende muy rápido el ñire y tiene alto valor calórico, entonces levanta temperaturas muy altas y el viento va llevando el fuego y va quemando todo a su paso”.

Por supuesto que, además de los árboles, las llamas destruyen toda la pastura que crece debajo de la fronda, y queda una imagen de suelos desnudos, que serán presa fácil de la acción del viento. Los incendios se expanden en bosques que están a unos mil o mil cien metros sobre el nivel del mar, lugar habitual de pastoreo de los animales en la veranada.

Mientras, los campos donde se arrean por estos días los rodeos son las tierras de las invernadas, “que están en un proceso de una larga sequía y muy profunda, entonces no hay pasto suficiente”. En la urgencia, “uno trata de salvar los animales por lo menos, y después veremos qué se hace”.

“En lo personal –reflexiona Goya–, yo toda mi vida viví en Esquel, nací acá, mis padres nacieron acá, nuestro campo tiene más de cien años, y nunca nos había tocado un incendio tan grande”.

En este punto hizo referencia al cambio climático, porque “antes el régimen de lluvias y el régimen de nieve en invierno eran totalmente distintos, y ahora estas sequías generan un ámbito propicio para los incendios”.

Consultado este ganadero sobre la politización de los incendios, con cierta dirigencia que intenta sacar algún rédito de esta desgracia, aseguró que “tratamos con todo el mundo, y hay varias intendencias que están vinculadas entre sí, está el gobierno de la provincia, la gente del Plan de Manejo del Fuego, están los aportes de Nación. Y por ahora yo no veo que esa discusión interfiera en el combate de los incendios”.

Gentileza https://masp.lmneuquen.com/