Buenos Aires (EP), 24 de marzo ‘26. El corredor con el gigante asiático no nació con la crisis de Ormuz: los embarques empezaron antes de la guerra y muestran que Vaca Muerta venía construyendo volúmenes exportables con independencia del conflicto. Mega y TGS tienen planificado volcar toda su producción incremental al mercado externo
En los primeros tres meses de 2026, Argentina embarcó 50.000 toneladas de gas licuado de petróleo (GLP) con destino a India —más del doble de las 22.000 toneladas que despachó a ese país durante todo 2025.
El salto cuantifica algo que venía ocurriendo de manera silenciosa: la cuenca neuquina acumula suficiente volumen de subproductos de gas como para alimentar un corredor comercial nuevo hacia Asia del Sur. Y ese corredor ya existía antes de que estallara la guerra.
El desglose de los embarques lo confirma, según datos de la firma de análisis Vortexa. Unas 39.000 toneladas salieron del puerto de Bahía Blanca antes del 28 de febrero, cuando las fuerzas de Estados Unidos e Israel iniciaron operaciones militares contra Irán y el tránsito por el Estrecho de Ormuz quedó comprometido.
Las 11.000 toneladas restantes se despacharon el 5 de marzo, ya con el conflicto activo. Pero incluso ese segundo cargamento había sido negociado con anterioridad: en el mercado de GLP, los contratos spot se cierran con entre 15 y 45 días de anticipación a la fecha de zarpe. La guerra no generó el negocio. Lo encontró en marcha.
Hasta 2024, Argentina no había enviado ni una sola tonelada de GLP a India, según Vortexa. Lo que cambió no fue la demanda del país asiático —que siempre existió, dado que India es el segundo mayor consumidor mundial del producto en la actualidad y cubre cerca del 90% de sus necesidades con importaciones— sino la disponibilidad de volúmenes exportables desde Bahía Blanca, traccionada por el crecimiento sostenido del gas natural no convencional en Vaca Muerta.
La producción local de GLP a base de gas natural alcanzó 259.000 toneladas en enero de 2026, levemente por encima de las 258.000 toneladas del mismo mes del año anterior, según datos de la Secretaría de Energía citados por Argus. En 2025, el total acumulado fue de 2,63 millones de toneladas, frente a los 2,6 millones de 2024. Son incrementos moderados en términos relativos —pero sostenidos, y sobre una base ya alta.
El polo de Bahía Blanca
Los dos actores centrales de este circuito son Compañía Mega y la TGS Transportadora de Gas del Sur, ambas con terminales de exportación en el polo petroquímico del estuario bahiense.
Mega —cuyo capital accionario se distribuye entre YPF (38%), Petrobras (34%) y Dow (28%)— procesa cerca del 40% del gas de la Cuenca Neuquina. El gas ingresa a la planta de separación en Loma La Lata, se extraen los líquidos asociados —etano, propano, butano y gasolina natural— y esa corriente viaja por un poliducto de 600 kilómetros hasta la fraccionadora de Bahía Blanca, donde se separan y se cargan a los buques.
Sus exportaciones desde esa terminal pasaron de 440.000 toneladas en 2023 a 534.000 en 2024, y a 648.000 entre noviembre de 2024 y noviembre de 2025 —un crecimiento interanual del 33%.
La compañía tiene en marcha el Nuevo Tren de Fraccionamiento (NTF) en su planta bahiense, una inversión de u$s 260 millones que elevará su capacidad de procesamiento de las actuales 4.800 toneladas diarias a más de 7.200 —un salto del 50%. La primera fase sumó 850 toneladas diarias en 2025; la segunda, con 2.300 adicionales, estaba en comisión a comienzos de marzo. La puesta en operación comercial está prevista para el primer semestre de este año. Todo el volumen incremental irá al mercado externo, según confirmó el CEO de la firma, Tomás Córdoba.
En paralelo, TGS lleva la apuesta más lejos. La transportadora anunció un proyecto de líquidos del gas natural (LGN) en Vaca Muerta por u$s 3.000 millones que incluye transformar su planta de acondicionamiento de Tratayén en una instalación de separación de componentes licuables, construir un poliducto de 573 kilómetros hasta Bahía Blanca, instalar una fraccionadora con capacidad de 2,7 millones de toneladas por año y levantar una nueva terminal de exportación y almacenamiento en el polo petroquímico. La empresa estimó que el proyecto podría generar exportaciones adicionales por más de u$s 1.200 millones anuales.
La demanda que llegó corriendo
El contexto del lado indio le agrega urgencia a lo que de otro modo sería una historia de infraestructura de largo plazo. Con el Estrecho de Ormuz bloqueado, India importó en 2025 casi 21 millones de toneladas de GLP por esa ruta —el equivalente a unos 40 cargamentos por mes—, según Argus. Frente al corte de suministro, el gobierno de Narendra Modi instruyó a las refinerías a maximizar la producción doméstica, que creció un 28%, amplió los intervalos entre recargas de garrafa para administrar el stock, y autorizó a las estatales a pagar primas de entre u$s 350 y u$s 400 por tonelada sobre el precio de referencia para asegurar cargamentos de emergencia.
Esa prima modifica la ecuación logística para un proveedor ubicado al otro lado del planeta. En condiciones normales, la distancia hace que el GLP argentino sea poco competitivo frente al del Golfo Pérsico o incluso el de Estados Unidos. Con cuatrocientos dólares adicionales por tonelada, el cálculo cambia de signo.
La pregunta que queda abierta es cuánto de este flujo sobrevivirá al conflicto. Lo que sugieren las inversiones en curso es que Mega y TGS no están improvisando. Vienen construyendo infraestructura de exportación desde antes de que India se convirtiera en un destino y antes de que Ormuz apareciera en los titulares. El conflicto aceleró un proceso que ya tenía dirección propia.
Gentileza https://www.shale24.com/