Tierra del Fuego (EP), 18 de agosto ‘26. El barco que entró al puerto de Ushuaia la semana pasada no trajo carga habitual: descargó una turbina General Electric usada, reacondicionada y repotenciada, junto con más de seis mil toneladas de equipamiento. Ese envío es el corazón de la nueva central termoeléctrica de ciclo combinado que Tierra del Fuego espera poner en marcha en mayo de 2027. Es, además, la única planta de generación a gas que hoy se está construyendo en la Argentina.
La obra no es un proyecto preliminar: está autorizada por el Decreto 0995/26, que cedió a Terra Ignis un predio de cuatro hectáreas por 35 años para instalar una central de 40 MW en primera etapa y 60 MW al cerrar el ciclo. La inversión ronda los 80 millones de dólares y está a cargo de Austral Petróleo, Gas y Electricidad, una sociedad integrada por dos empresas estatales chinas. Terra Ignis aporta el predio, las gestiones regulatorias y la participación en la operación.
Desde Shaanxi arribó una turbina usada, reacondicionada y repotenciada. El equipo estaba en stock en un depósito de la empresa y fue sometido a un proceso completo de overhaul y actualización tecnológica. En un mercado global donde la demanda de turbinas de gas supera la capacidad de fabricación, disponer de un equipo listo para embarcar evitó una demora que, según los fabricantes, puede extenderse entre tres y cinco años.
En un mercado global donde la demanda de turbinas de gas supera la capacidad de fabricación —impulsada por el crecimiento de los centros de datos y la inteligencia artificial— disponer de un equipo repotenciado listo para embarcar evitó una demora que, según los fabricantes, puede extenderse entre tres y cinco años.
Ese cuello de botella explica la decisión técnica del proyecto. En Estados Unidos, la mayor generadora del país acaba de asegurarse turbinas por trece mil megavatios, pero recién para después de 2031. En el sudeste asiático, menos de un tercio de la capacidad térmica planificada para esta década podrá entrar en operación. En ese contexto, una turbina usada y repotenciada puede ser la diferencia entre inaugurar en 2027 o quedar atrapado en la fila mundial.
La obra civil en Ushuaia demandará entre seis y siete meses y la instalación de la turbina unos sesenta días. La planta actual, de casi treinta megavatios, quedará como reserva fría: apagada, pero disponible para arrancar rápido ante cualquier contingencia del sistema fueguino, que sigue siendo el único del país fuera del SADI. La provincia proyecta además una segunda central de cien megavatios para Río Grande, aunque ese proyecto todavía no tiene documentación oficial publicada.
Hay dos elementos pendientes de verificación: el decreto exige autorización ambiental y técnica, pero la provincia no publicó aún la resolución correspondiente, y no hay documento técnico público con el modelo exacto de la turbina o la certificación del overhaul. La obra está autorizada y en ejecución, pero la evaluación técnica completa del equipamiento depende de esa documentación.
La central de Ushuaia combina inversión extranjera directa, tecnología repotenciada y un contexto global de escasez. En un país sin nuevas centrales térmicas en construcción, la turbina que llegó desde Shaanxi no es solo un componente: es la señal de cómo se está reconfigurando la infraestructura energética en tiempos de demanda mundial extraordinaria.
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