Chubut (EP), 20 de agosto ‘26. El gerente del IAPG refirió la caída de la producción y el aumento de la mano de obra en un período de 20 años. Si bien ese dato ya se modificó, el desafío sigue apuntando a la eficiencia para sostener la rentabilidad del sector.
Mientras comienzan las 28.ª Jornadas Técnicas del IAPG, Conrado Bonfiglioli planteó una paradoja que atraviesa a la Cuenca San Jorge: en poco más de dos décadas la producción cayó de manera significativa mientras la cantidad de trabajadores llegó a duplicarse. El desafío, aclaró, no pasa por bajar salarios sino por lograr que los costos guarden relación con lo que produce cada barril.
Las 28.ª Jornadas Técnicas de Petróleo y Gas del Golfo San Jorge comenzaron este miércoles en Comodoro Rivadavia con una discusión que excede los trabajos que se presentan en sus dos salas. Detrás del concepto de “eficiencia operativa” que atraviesa esta edición aparece una cuenta que ayuda a explicar buena parte de los problemas que enfrenta hoy la industria convencional.
Conrado Bonfiglioli, gerente de la Seccional Sur del IAPG, puso sobre la mesa una comparación entre 2001 y 2023. Según los datos estadísticos que citó, hacia comienzos de este siglo la Cuenca San Jorge producía “casi un 40% más” de petróleo que en la actualidad, mientras que la cantidad de mano de obra en ese momento “era menos de la mitad de la gente que llegamos a tener en el año 2023”.
La comparación implica que la producción actual es aproximadamente un 29% inferior a la de 2001, mientras que la cantidad de trabajadores se había duplicado en el período tomado por el directivo del IAPG, quien aclaró que parte de ese empleo en expansión se vinculó también con la mayor cantidad de agua —y las dificultades técnicas para la producción— con la que salía el petróleo.
UNA CUENCA MÁS COMPLEJA
Bonfiglioli no planteó que hubo un cambio en la estructura de la actividad. La madurez de los yacimientos hizo que la extracción de agua adquiriera un peso cada vez mayor, ya que hoy representa un 95% del volumen producido, lo que significa tareas adicionales de tratamiento y operación.
El problema, aclaró, no es solamente cuánto personal necesita la industria, sino cuánto cuesta producir cada barril y qué productividad se obtiene de los recursos que intervienen en ese proceso.
“El problema no es solamente la mano de obra, sino el empleo calificado; el problema no es pagar salarios, sino que se debe pagar de acuerdo con lo que se produce —planteó—. Eso es algo que se fue deteriorando entre 2001 y 2023”.
Para el directivo, el costo de la mano de obra calificada y del conjunto de la operación debe guardar relación con la producción obtenida.
EL COSTO DE CADA BARRIL
La búsqueda de la eficiencia pasa por lograr un indicador concreto, que se vincula al costo de producción de cada barril en la región. Hay operadoras que dejan trascender que ya bajaron de los 45 ó 40 dólares hasta los 35, con metas que apuntan a los 25 dólares por barril.
Bonfiglioli coincidió con la necesidad de avanzar en esa dirección, aunque puso el acento en que la mejora no puede depender de esfuerzos aislados de algunas compañías, sino ser una meta para todas.
Por eso destacó el trabajo que desarrolla el IAPG a través de sus comisiones ejecutivas y las denominadas “prácticas recomendadas”. Son procedimientos que no tienen carácter obligatorio, pero que buscan establecer criterios compartidos por los distintos actores de la industria.
La idea es reducir diferencias operativas entre empresas y lograr que una mejora desarrollada por un operador pueda ser aprovechada por el conjunto de la cuenca.
EL DESAFÍO DESPUÉS DE VACA MUERTA
La discusión sobre costos tiene además un telón de fondo que Bonfiglioli considera inevitable: la transformación del mapa petrolero argentino a partir del crecimiento de Vaca Muerta.
El Golfo San Jorge no puede competir con la formación neuquina por volumen. El propio gerente del IAPG lo planteó de manera directa durante la entrevista: la alternativa es hacer que el petróleo convencional de la región sea un negocio rentable. Eso obliga a mirar de otra manera una cuenca que durante décadas fue uno de los principales motores petroleros del país.
“Éramos el mayor productor de petróleo de la Argentina”, recordó Bonfiglioli, aunque inmediatamente relativizó esa posición al señalar que la participación de la producción argentina en el mercado mundial siempre fue pequeña.
El escenario cambió con Vaca Muerta y, en su visión, eso obliga al Golfo San Jorge a ordenar sus cuentas y encontrar una nueva escala de competitividad.
EL DATO DE EMPLEO DE 2023 YA QUEDÓ ATRÁS
Hay, además, una particularidad temporal que debe tenerse en cuenta al leer la comparación planteada por Bonfiglioli. Su referencia sobre la cantidad de trabajadores llega hasta 2023.
Desde entonces, la actividad petrolera de la Cuenca San Jorge atravesó un nuevo proceso de ajuste y en los últimos dos años se perdieron alrededor de 6.000 puestos de trabajo directos en el sector. Por eso, el dato de la duplicación de la mano de obra entre 2001 y 2023 no puede leerse como una fotografía actual, sino como parte de una evolución de más de dos décadas que posteriormente volvió a modificarse.
La secuencia, sin embargo, ayuda a entender la magnitud del cambio: una cuenca madura, con menor producción que en sus años de mayor actividad, mayores niveles de agua y una estructura operativa que durante años fue absorbiendo más recursos para sostener cada barril.
El objetivo que hoy atraviesa a la industria apunta precisamente a modificar esa ecuación. En el nuevo mapa petrolero argentino, el objetivo para el Golfo San Jorge es que el petróleo que todavía existe en sus yacimientos pueda seguir siendo producido con una estructura de costos que permita hacerlo rentable.
Buena parte de esa discusión, desde el conocimiento técnico y las experiencias acumuladas en los yacimientos, comenzó a desplegarse desde este miércoles en las Jornadas Técnicas del IAPG.
Fuente https://www.adnsur.com.ar/