Salta (EP), 5 de noviembre ‘26. La gestión del agua es uno de los grandes desafíos de una minería sustentable. Comprender cómo circula, distinguir sus diferentes usos y conocer las posibilidades de reutilización permite abordar un tema central para las comunidades, los ecosistemas y el desarrollo productivo de la región.
En la Puna el agua no siempre está a la vista. Los cerros, los salares y las grandes extensiones de suelo seco conviven con vertientes, vegas y reservas subterráneas que forman parte de la vida del territorio. Su presencia explica cómo las comunidades han podido habitar y desarrollar actividades productivas en un ambiente de condiciones extremas.
“En la Puna hay agua y mucha agua”, señala el doctor en Ciencias Geológicas Ricardo Alonso en un video documental publicado por El Tribuno, donde el especialista destaca que buena parte se encuentra bajo la superficie. Guillermo Baudino, de la Cátedra de Hidrogeología de la Universidad Nacional de Salta, recuerda que las comunidades utilizan y administran ese recurso desde hace miles de años.
El agua subterránea se almacena y circula entre los poros de los sedimentos y las fracturas de las rocas. Esos materiales conforman acuíferos con distintas capacidades para almacenar y transmitir agua. Su relación con las vertientes, los cursos superficiales y los humedales depende de las condiciones geológicas de cada lugar. Por eso, conocer un acuífero implica estudiar mucho más que la presencia de agua, ya que implica conocer cuánto recibe, cómo circula, qué calidad tiene y qué cambios podrían producirse al extraerla.
Diferentes tipos de aguas dentro de un mismo paisaje
En la región puneña existen aguas dulces, salobres y salmueras. Esa diversidad responde al recorrido del agua y a su interacción con los materiales del subsuelo, entre otros factores. Baudino advierte que el agua dulce potable es escasa en la zona y requiere especial cuidado. También destaca la importancia de investigar el balance hídrico de cada cuenca y la dinámica entre las aguas dulces y saladas, teniendo en cuenta que la disponibilidad y las posibilidades de aprovechamiento deben analizarse para cada sistema.
Las vegas muestran la importancia de esas relaciones, concentrando biodiversidad, participando en la regulación hídrica y proporcionando recursos para animales silvestres y domésticos. Su conservación está vinculada con la vida y las actividades de las comunidades puneñas.
Qué significa agua industrial
La expresión “agua industrial” identifica el agua destinada a un proceso productivo, que se utiliza para lavar materiales, enfriar equipos o participar en distintas etapas de fabricación y procesamiento.
El término describe su uso, pero el nombre no determina su calidad, ya que puede tratarse de agua dulce, salobre o recuperada de un proceso anterior, siempre que sus características sean compatibles con la tarea que debe cumplir. La aptitud para beber, en cambio, sí requiere cumplir condiciones específicas de calidad.
Esta diferencia permite que ciertas actividades utilicen agua que no reúne las condiciones necesarias para el consumo humano. Por otro lado, que una fuente no sea potable no significa que carezca de valor ambiental, y es muy importante conocer su relación con otras aguas y con los ecosistemas.
El agua que puede utilizarse otra vez
Una de las herramientas para mejorar la eficiencia en la producción es recuperar agua y devolverla al proceso productivo, ya sea mediante sistemas de tratamiento, almacenamiento y conducción, o distintas instalaciones que permiten reutilizar parte del volumen que ya ingresó.
Esto permite distinguir entre el agua que circula dentro de una planta y el agua nueva que debe incorporarse desde el exterior. Cuanto mayor sea la recuperación, menor será la necesidad de abastecimiento adicional para una misma demanda, siempre que las demás condiciones se mantengan.
La recirculación tampoco es capaz de eliminar todas las salidas de agua. Puede haber evaporación, incorporación al producto o humedad retenida en materiales, es por eso que una instalación necesita un balance que registre entradas, recuperación y salidas. Los porcentajes de reutilización deben medirse junto con los volúmenes y el método utilizado para calcularlos.
Conocer para gestionar
La gestión del agua en la Puna reúne el conocimiento científico de los estudios que se realizan y el de las comunidades que conocen el terreno. Medir los niveles, caudales y la calidad ayuda a comprender los cambios y a contrastar las previsiones con lo que ocurre en el territorio. Ese seguimiento también debe contemplar las conexiones entre las captaciones, las vertientes y los ambientes que dependen del agua subterránea.
Aprovechar mejor el recurso exige trabajar en ambas escalas: mejorar la eficiencia de cada uso y conocer el sistema que lo abastece. Bajo un paisaje que parece seco, el agua conecta la vida cotidiana, los ecosistemas y las posibilidades de desarrollo de la Puna.
Gentileza https://mineriasustentable.com.ar/
Fotografía Red Ruido